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jueves, 22 de junio de 2023

La reinvención de Pissarro

 

Pissarro, Île-Lacroix, Rouen, efecto de niebla, 1888

Pissarro y el Puntillismo

Camille Pissarro, el patriarca. Era mayor que el resto de los colegas impresionistas y participó en todas las exposiciones del grupo.

Había nacido en el Caribe, en St. Thomas. Estaba destinado a continuar con el negocio familiar, como era de rigor; pero un poco por su talento natural y otro poco, gracias al encuentro con Melbye, el pintor danés aventurero por las Américas, Camille mandó todo al demonio, se marchó a París y allí se dedicó de lleno a la Pintura. Se inscribió en la Académie Suisse, donde conoció a Monet. Y fueron amigos toda la vida. Huyeron juntos a Inglaterra cuando los prusianos invadieron Francia en 1870. Monet lo defendió cuando surgió el caso Dreyfus (lo vimos por aquí).

Pissarro, Lordship Lane Station, Dulwich, 1871


El aporte de Pissarro al Impresionismo es indiscutible. Fue pintor de paisajes, de la campiña francesa, de sus campesinos, de naturalezas muertas. Fue maestro de Cézanne y de Gauguin.

Pissarro, La ermita en Pontoise, 1867


Es significativo que éstos hayan sido sus alumnos. Cézanne, que participó en algunas de las exposiciones impresionistas, enseguida se apartó y comenzó una búsqueda incesante para reparar los problemas que habían surgido con este movimiento artístico (lo vimos por aquí). Gauguin encaró esos mismos problemas pero de una manera diferente: buscando inspiración en lugares exóticos (lo vimos por aquí).

¿Qué les diría Pissarro en sus clases como para que sus alumnos tomaran estos caminos?

Gauguin, Canteras en Pontoise, 1882


No lo sabemos. La reacción de sus alumnos fue de inconformismo, quizás. O los llenó de dudas. O les contagió su confianza en el progreso. (¿Se puede hablar de progreso en el arte? Da para como para un debate…)

En 1885 conoce a Georges Seurat y a Paul Signac, 2 jovencitos muy inquietos: Seurat tenía 26 y Signac, 22. Seurat había desarrollado una técnica nueva, basándose en los estudios de color de Chevreul (lo vimos por aquí): ésta consistía en colocar puntos o rayas de color puro, uno al lado del otro. La mezcla del color se da en el ojo del espectador, no en la paleta o en el lienzo: esto se suele llamar “mezcla óptica” (lo vimos por aquí). Los impresionistas ya lo hacían, según lo que les imponía el modelo. Seurat extremaba las cosas: quería llevar la ciencia a la Pintura, es decir, pintar siguiendo un método. Esto significaba perder la espontaneidad, la instantaneidad de la que hacían gala los impresionistas.

Pissarro, La cosecha de manzanas, 1888


Esta técnica fue llamada “Neo-impresionismo”, “Divisionismo” y más tarde, “Puntillismo”.

¿Qué ganaba con eso? La crítica que le hacían todos al Impresionismo era que no tenía solidez. Que en la rapidez de la ejecución se perdía el volumen, la profundidad. ¿Era necesario? No, ni siquiera se lo planteaban: la rapidez era necesaria para captar un motivo al aire libre, en medio de la naturaleza. No les interesaba la profundidad más allá de lo que necesitaban para representar lo que veían. No era una debilidad o un error: no era lo que pretendían. Cézanne buscaba la solución por medio de la composición y de la valorización (lo vimos aquí); Seurat lo intentó por el lado del color.


Seurat, Los bañistas en Asnière, 1883


Pissarro se entusiasmó con el Puntillismo. Tenía 55 años y no conseguía tener ingresos de dinero regulares para mantener a su extensa familia. Cambió su estilo completamente, con la idea, quizás, de dar un impulso a su carrera. Llegó a pintar 315 cuadros de esta manera, entre los años 1885 a 1891. Su esposa no podía entender este cambio tan radical; consideraba que era un error, económicamente hablando.

Pissarro, Campos en Eragny, 1885


 En una carta a su hijo Lucien, que estaba en Londres, le dice (marzo 1886):

“…Por no alargarme, te diré que le expliqué al señor Manet, que no debió de entender nada, que Seurat aportaba un elemento nuevo que estos señores no son capaces de apreciar a pesar de todo su talento, y que yo, personalmente, estoy persuadido del progreso que este arte supone y de los resultados extraordinarios que, llegado el momento, podría proporcionar.”

Pissarro, Niños en la granja, 1887


Pissarro discutió acaloradamente con Eugène Manet, el marido de Morisot y hermano de Édouard, acerca de los trabajos de Seurat y Signac, estando ellos presentes. A Renoir no le cayó nada bien que Pissarro tratara de esa manera a Manet. “…El señor Manet estaba fuera de sí… ¡Y yo no pensaba ceder!”, le cuenta a su hijo en esa carta.

Estaba convencidísimo del valor de lo nuevo. No estaba dispuesto a aceptar críticas de los “impresionistas románticos”, como él llamaba a sus antiguos colegas (en contraposición a los “impresionistas científicos”, los recién llegados).

Pissarro, Eragny, 1886


En la misma carta sigue diciendo:

“Degas es cien veces más leal. Le dije a Degas que el cuadro de Seurat era bastante interesante: “¡Oh! Lo apreciaré, Pissarro, solamente si es grande”. ¡En buena hora! Si Degas no le ve nada, tanto peor para él, será que el cuadro tiene algo especial que se le escapa.”

Y vaya si el cuadro era grande (207 x 308 cm). Quién sabe por qué Degas le dijo eso. Seguramente fue una respuesta de compromiso, para no enemistarse con los Manet.

Pissarro, Almiar en Eragny, 1886


Estaban preparando la que sería la última exposición impresionista de 1886. Pissarro insistía en que Seurat y Signac pudieran participar. El resto no estaba de acuerdo: ¿qué es esto de los puntos? ¿Qué tienen que ver con el Impresionismo? Finalmente, a regañadientes, los aceptaron. Seurat expuso su “Tarde de verano en la isla de la Grand Jatte”, el manifiesto por excelencia del Puntillismo (lo vimos por aquí). Signac, Pissarro y su hijo Lucien también expusieron obras de este estilo. Se les asignó una sala aparte.

Seurat, Domingo por la tarde en la isla de la Grand Jatte, 1885


El público, que antes se burlaba de los Impresionistas y ahora aceptados, ante los puntillistas reaccionó de la misma manera, con risas y chistes de mal gusto.

Signac, Mujer a la luz
de una lámpara, 1890

Seurat
murió en 1891
, con 32 años, de una angina mal curada. Pissarro quedó perplejo ante la noticia. Signac continuó con esta técnica y escribió varios ensayos sobre el tema. Murió en 1935.

Pissarro, con el tiempo, se desilusionó del Puntillismo. Había creído que era la manera de encajar los sentimientos en la razón, que un método podía encauzar a la emoción. Sin embargo, después de haber pintado tantos años con esta técnica, se desesperó: no lleva a nada, coarta los sentimientos, bloquea la espontaneidad. Y dejó de pintar con puntos.






En una carta a van de Velde en 1896, desde Rouen, le dice:

 

“…No puedo aceptar que se me cuente entre los neo-impresionistas, después de haberme liberado de la teoría sistemática de la descomposición científica de los colores… tras haber constatado la imposibilidad… de otorgarle consecuentemente vida y movimiento, la imposibilidad de seguir los fugaces cambios de la naturaleza, la imposibilidad o dificultad de otorgar a mi dibujo personalidad, sin caer en vagos redondeos…”

Pissarro, Peral en flor, Eragny, de mañana, 1886


Sus colegas impresionistas, que no entendieron este vuelco tan radical en su pintura, callaron, aceptaron. Sin embargo, todos, muy secretamente, lo admiraron por su falta de miedo a intentar nuevos caminos, a buscar nuevos horizontes. Y él tampoco tuvo miedo a volver para atrás, a volver a sus raíces, cuando tomó conciencia de las limitaciones de este nuevo estilo. ¿Perdió algo en el camino? No, ganó seguridad con los colores.

Fuentes: Linares, M. Pissarro. Paris, Könemann, 2017

Lloyd, C. Pissarro. New York, Phaidon, 2003

Pissarro. Cartas, 1883-1903. Madrid, Lamicro, 2013

 

Si quieres recordar antiguos artículos sobre Pissarro, te dejo los enlaces aquí abajo:

Vida nocturna en París

"Ud. es un hombre civilizado"

 


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