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jueves, 21 de mayo de 2026

¿Qué hacemos con las transparencias?

Van Gogh, La vieja torre de los campos, 1884


Los colores transparentes

Discúlpame que hoy me ponga un poco densa. Tengo una amiga que me lo recrimina siempre. Qué le vas a hacer: deformación profesional.

Tú sabes, mi pasión son los colores, el fenómeno del color, cómo los percibimos, cómo los usamos, cómo nos influyen en nuestro día a día.

del Rosso, Casa Sorolla, fragmento

Estoy con un cuadro entre manos de mar, rocas, olitas que cubren la arena de la orilla con una tenue capa de agua al irse. No es difícil, ya lo he trabajado muchas veces, pero no te lo voy a negar: cuesta mucho darle el tono justo a esa arena húmeda y, a la vez, captar el movimiento del mar, de sensación de agua que se retira. Mientras lo pintaba, me acordaba de otro cuadro de hace unos años (lo puedes ver por aquí), que, oh, ése sí que fue un gran desafío. ¿Cómo conseguir que las baldosas del jardín de la Casa Sorolla den la impresión de estar húmedas, por el agua que cae de la fuente? Fueron cientos de veladuras, una sobre otra.

Una veladura es una capa de pintura muy transparente, un velo de color. Se hace con mucho aceite o médium con una pizca de pintura y nada más. Siempre sobre la pintura seca, si no, haces un estropicio. Esa capa transparente se deja secar y de nuevo, otra hasta conseguir el efecto deseado.

Leonardo, La Gioconda, 1519


Así está pintada la Gioconda. Cuando la luz pasa por esas infinitas capas de color transparente, el rostro parece moverse, estar vivo.

Esto, en teoría del color y de la percepción, se llama “color laminar”.

El profesor Albers, de quien hablamos por aquí, postuló dos clases de colores transparentes, en un intento de entender cómo la luz interactúa con la materia.

Klee, Arquitectura de los niveles,
1923, acuarela


Todos los cuadros están pintados con lo que él llama “color superficial”, es decir, un color sólido, de pigmento, sobre una superficie opaca, que absorbe una determinada onda de luz y rechaza otras. P.ej., un tomate absorbe todas las ondas de luz y rechaza la roja y por eso lo vemos de color rojo. Esto pasa con todos los objetos con los que maniobramos todos los días.

Tiziano, La Dolorosa con las manos
cerradas, 1554

Pero ¿qué pasa con los colores transparentes? A éstos Albers los clasifica en dos grupos: “color laminar” y “color volumétrico” y tienen que ver con los colores en estado líquido.

El “color laminar” es un color transparente que se extiende sobre otro y lo tiñe. P.ej., la luz del atardecer hace que los edificios, el paisaje, se tiña de un color rojo-naranja, y sabemos que los árboles y las casas no son originariamente de ese color. Sabemos perfectamente que el causante de este fenómeno es el sol que se pone detrás del horizonte.

(Imagen: diario ABC)

En Pintura, los colores laminares los vemos en las veladuras, como te comentaba más arriba. Capas y capas de aceite o médium con una pizca de color, que manchan el color original, el que está debajo.

Turner, Tiziano y tantos otros utilizaron las veladuras como recurso técnico. Aunque, para mí, el genio de la veladura es Rothko. Decía que la pintura tenía que aplicarse en la tela como exhalando un suspiro. Sus cuadros están hechos con miles de capas de colores transparentes. Lamentablemente, las fotos no trasmiten todo este trabajo y las sensaciones que produce. Si alguna vez puedes estar frente a un Rothko, te cautivará, te lo aseguro.

Rothko, N° 6, 1951

La sombra también es color laminar. P.ej., en este cuadro de Mary Cassatt, ¿la chica tiene piel verde? No, es que está teñida por el entorno verde del palco del teatro, de las cortinas. Ella está a contraluz, es todo sombra, sombras coloridas. Mary era muy atrevida, ¿cómo se le ocurre pintar a esta chica así?

Cassatt, Mujer con collar de perlas,
1879

En cambio, ¿qué pasa con la acuarela? Convengamos que también es color en estado líquido, ¿no? Sí, pero aquí hay un problema: no es exactamente un color laminar, sino superficial, pues no estamos cambiando un color original con una capa delgada de otro color. Sólo se podría aplicar este concepto si usamos la acuarela como veladura, con superposiciones de colores que tengan la intención de cambiar el color subyacente. Un maestro en este sentido es Klee. En “Separación vespertina” se ve perfectamente esas gradaciones de color por superposición (si te interesa, analizamos aquí este cuadro). Lo mismo en “Arquitectura de los niveles”.

Klee, Separación vespertina,
1922, acuarela


¿Y el “color volumétrico”? Este concepto ya no se puede aplicar a la Pintura, pues tiene que ver con objetos tridimensionales, es decir, líquidos transparentes coloridos en un recipiente.

(foto propia)


Albers pone como ejemplo el café en un vaso de vidrio. Ese café en una cucharita tiene otro color y sigue siendo el mismo café. ¿Por qué pasa eso? Pues porque en recipientes de diferentes estructuras, la luz rebotará de manera diferente, aunque sea el mismo líquido: tendrá una densidad diferente.

Turner, Roma moderna: Campo Vaccino, 1854

Otro ejemplo quizás más claro es éste: ¿has visto alguna vez que los escalones de una piscina cubiertos con agua son de diferente color? La piscina no ha cambiado el color del fondo; lo han pintado con la misma lata de pintura. Lo que cambia es la densidad que tiene el agua en cada escalón. Lo mismo pasa con el mar: el borde costero tiene color más claro que el mar profundo. Existe una ley que se llama de Weber-Fechner, que cita Albers, que consiste en aplicar un modelo matemático para calcular la dimensión del color según la estructura del recipiente. No pretendo explicarte la ecuación (además de que ¡no sería capaz de hacerlo!).



Asunto encajes: cuando representamos encajes, como esos maravillosos del Barroco holandés, ¿cómo “encajan” en esta teoría? Pues, en realidad, es color superficial. Se pinta sobre la base que se debe traslucir. La sensación de relieve se logra con las sombras, aunque sean minúsculas e imperceptibles.

Hals, Retrato de un hombre, 1630


¿Pero si es una tela transparente, como el chiffon o la gasa? Depende de qué técnica uses. Puedes pintar un brazo a medias, sólo la parte de piel que quieres que se vea, y aplicar una capa de pintura con pincel seco. O también pintar el brazo entero, con todo detalle y comenzar a aplicarle veladuras, una sobre otra, hasta que llegues a lograr esa transparencia. (Ya ves, cada tipo de tela tiene su secretito…)

Ingres, Princesa de Broglie, 1853

En definitiva, los artistas tenemos que traducir en el lienzo, con nuestro oficio y las limitaciones de nuestros materiales, la maravilla de la percepción y experiencias humanas.

Sargent, Miss Helen Duinham, 1892

Pintar es maravilloso… ¿no crees?

 

Fuentes: Albers,J. La interacción del color. Madrid, Alianza, 1998

 Falcinelli, R. Cromorama. Barcelona, Taurus, 2020