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jueves, 24 de agosto de 2023

Puntitos y más puntitos

 

Signac, Golfe-Juan, 1896

¿Qué es el Puntillismo?

Todos conocen el Puntillismo (o Neoimpresionismo), aunque no sepan que se llama así. Te lo enseñan en el jardín de infantes; luego, en la clase de arte o manualidades en la escuela básica… y así.

Signac, Desayuno, 1886


Pero, ¿qué es exactamente? ¿Por qué algunos artistas se dedicaron a pintar con puntitos?

Signac, Capo di Noli, 1898

Para entenderlo mejor tenemos que volver a los Impresionistas (te lo conté por aquí). Estos señores se cansaron de las atmósferas oscuras de los cuadros de las Academias y se lanzaron a pintar al aire libre, a copiar la naturaleza en el lugar mismo. Querían captar la luz tal como se ve y representar los colores en todo su esplendor. Para eso se pusieron a estudiar a Chevreul y a Delacroix (te lo conté por aquí). Y se largaron a pintar siguiendo sus teorías de color, con lo que llamamos la “mezcla óptica”. Para no hacerlo muy largo: la mezcla óptica consiste en aplicar pinceladas de colores puros, una al lado de la otra, y que el ojo haga la mezcla. No se mezclan los colores en la paleta: el ojo hace todo lo demás.





Hacia 1886 el grupo de los impresionistas ya no era el mismo. Seguían exponiendo juntos a duras penas; cada uno tenía proyectos diferentes y Degas no lo hacía fácil. Ese año fue la última muestra del grupo. En esa oportunidad, dos muchachitos, Seurat y Signac pretendían exponer con ellos, promovidos por Pissarro (te lo conté por aquí, hace poco). Sus cuadros estaban llenos de puntos. El resto de los colegas miraron estas obras con desconfianza. Sin embargo, ante la insistencia de Pissarro, los aceptaron, pero con la condición de que mostraran sus cuadros en otra sala, separados de las obras impresionistas.

Pissarro, Campo en Eragny, 1885


Seurat también se había puesto a estudiar a Chevreul. Veía que la técnica impresionista tenía varios problemas. La espontaneidad estaba bien; el tratamiento del color, lo mismo, pero tanta rapidez al pintar le quitaba volumen, solidez, a las figuras. Fallaba la profundidad. Empezó a tantear con la técnica de puntos, que él llamó “Divisionismo”, según la mezcla óptica: puntos de color puro, uno al lado del otro, y que el ojo del espectador hiciera su parte. Eso significa desmembrar en trozos ínfimos de colores a las figuras, al modelo que estaba pintando. “El baño en Asnière” es su primer intento. Lo presentó en el Salón Oficial en 1884 y, por supuesto, se lo rechazaron. Para ese entonces ya conocía a Signac, quien se plegó enseguida a las investigaciones de su amigo.

Seurat, Los bañistas en Asnière, 1883


Seurat quedó desencantado con el resultado del Salón y se fue de vacaciones. Al parecer, fueron muy inspiradoras, pues, al regresar, sabía perfectamente qué camino debía tomar. Es entonces cuando conoce a Pissarro, quien se entusiasma con el nuevo método.

Se puso a pintar “Tarde de verano en la Grand Jatte” (ya te lo conté por aquí) y fue ese enorme cuadro el que presentó en la 8º y última exposición impresionista. Es el manifiesto artístico del movimiento puntillista por excelencia.

Seurat, Sábado por la tarde en la Isla de la Grand Jatte, 1884


El intento de Seurat fue llevar el método científico a la Pintura, volver a la racionalidad. El alma del pintor no debe aparecer: no hay espontaneidad o emoción. Y para eso no hay nada mejor que volver a la geometría y al cálculo. Recurre a la Sección Áurea de los antiguos (lo vimos por aquí), que le garantiza la armonía y la proporción equilibrada.

Regoyos, Lluvia de mayo, s.f.


El otro aporte del Puntillismo fue considerar al color en su aspecto físico, como reflexión de la luz (mientras sus colegas impresionistas usaban el color de manera emocional). Los puntos no están puestos de manera arbitraria, sino pensados y meditados cada uno según la relación de colores complementarios y simultáneos (lo vimos aquí). Imagínate el proceso de llenar con puntos un cuadro de 2 x 3 m y, encima, pensar, antes de ponerlos, si producen el efecto deseado según la teoría (¡tardó 2 años en pintar “La Grand Jatte”!). Cada punto debe tener el mismo tamaño, para que no haya diferencias entre ellos y ninguno se destaque entre los demás.

Lemmen, Playa en Heist, 1891

El resultado es semejante a un mosaico. El punto le sirve para todo: para las líneas, marcar el espacio, el color, la composición; mostrar los objetos, la atmósfera, el movimiento…

Seurat, Las modelos, 1886


Seurat armó su propio círculo cromático con 11 colores: azul ultramar, violeta, púrpura, rojo, carmín, cinabrio, minio, naranja, amarillo, verde y azul cyan. Blanco en el centro. No incluye colores tierra ni negro. Con esto puede organizar él mismo los colores complementarios a su gusto. Admitía la mezcla de los colores análogos y nada más (son los que son adyacentes dentro del círculo, p.ej.: verde y verde amarillo).

Dubois-Pillet, Orilla del Marne, 1888


Usar el color según sus contrastes (puedes ver los 7 contrastes de Itten si buscas en el menú de la derecha, en “Colores”) hace que parezcan más luminosos; el color vibra de manera muy especial. Los impresionistas ya los usaban, pero Seurat y sus amigos querían ir más allá.

Seurat, El circo, 1891

¿Cuál era el problema? Que esta vibración del color se percibe a aprox. 1.5 m del cuadro. Si te acercas, sólo ves puntos; si te alejas más, por la interacción del color y el cansancio de tus ojos, los colores se ven agrisados. Seurat era muy consciente de esto, pero no le veía la solución. Intentó minimizar el problema pintando una franja de puntos azules y carmín, como un marco dentro del mismo cuadro.

Seurat murió en 1891, con 31 años, y Signac fue el que siguió promoviendo esta técnica. Vivió 100 años, fue condecorado por su aporte a las artes y escribió varios ensayos sobre el tema.





van Rysselsberghe, Retrato de Mme.
Maus,1890

Otros artistas que trabajaron con puntos, además de Gauguin, Pissarro y su hijo Lucien, fueron Dubois-Pillet, Cross, Luce, Angrand. En Bélgica, van Rysselberghe, Lemmen, Finch, van de Velde. En Italia, Pellizza da Volpedo, Morbelli, Severini. Y también, Darío de Regoyos.

El Puntillismo era un callejón sin salida. Fue un experimento que no daba para más. Signac, en lugar de puntos, siguió pintando con pinceladas cuadradas, en diferentes direcciones, aunque con la misma teoría del color. A partir de estos cuadros comenzó a circular por ahí la palabra “cubismo”: éstos, más los trabajos de Cézanne, fueron el germen de lo que pergeñaron Picasso y Braque juntos.

Sin embargo, esta técnica tiene otra aplicación en nuestra vida diaria. La fragmentación de las figuras en puntos de colores se usó para la impresión en offset; hoy en día, nuestras impresoras trabajan bajo el mismo principio. ¿Y qué decir de los pixeles de nuestras pantallas? Esto también se lo debemos a Seurat y Signac.

El movimiento neoimpresionista-divisionista-puntillista se agotó en sí mismo. Pero, de tanto en tanto, aparece alguien que reflota esta técnica nuevamente: mira, p.ej. a Yayoi Kusama.

Yayoi Kusama, Sin título, 1967


Fuentes: Laneyrie-Dagen, N. Leer la Pintura. Barcelona, Larousse, 2010

Nerdinger, W. Elemente künstlerischer Gestaltung. München, Martin Lurz V., 1986

 

 

 

 

 

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