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jueves, 26 de septiembre de 2019

Termina pronto


Vermeer, Calle de Delft, 1658

La expo de Velázquez, Rembrandt y Vermeer del Museo del Prado estuvo todo el verano. Me daba pereza: está siempre lleno de turistas, hay que hacer cola con el calor… Recién esta semana pasada pude ir a verla y no me dio tiempo para hacerle un huequito en el blog para ti: ¡termina el 29!

Esta vez también tuve que hacer cola, aunque no fue más de 15’ (por suerte: ¿no era que la próxima iba a sacar las entradas online????). No sé si has podido ir a visitarla. Quizás te sirva que te cuente mi experiencia…












Tiépolo, Busto de personaje oriental, 1791,
pastel (Imagen: Museo del Prado)
Me dieron turno para dentro de hora y media. Aproveché para ir a saludar al maestro Velázquez. Las Meninas, Las Hilanderas, siempre se aprende algo nuevo. Como siempre, había gente frente a Las Meninas, pero nada agobiante. Después pasé a ver la sala de la reconstrucción del Gabinete de sus Majestades (te conté algo aquí; termina en noviembre). Esta vez sí pude verlo mejor. Repleto de cuadros hasta el techo, como era usual en la época, y con las paredes en rojo, rojo vibrante: todo el arbol genealógico de la familia real en retratos. De repente, vi unos cuadritos con cristal (¿cristal?): sí, eran unos pasteles de Lorenzo Tiépolo, ¡increíbles! Una maravilla: me dio ganas de retomar esta técnica algún día…









Zuloaga, Una manola, 1907 (Imagen:
masdearte.com)
Y de ahí, a ver la sala de la donación de Hans Rudolf Gerstenmaier (está hasta enero 2020). Son 11 cuadros de fines del sg. XIX y principios del XX. Se agradece muchísimo, porque el Prado no tiene muchas obras de esa época. (Las tuvo, pero luego de varias idas y venidas, cuando se inauguró el Museo Reina Sofía, se puso como fecha de reparto de las obras el nacimiento de Picasso, 1881. Al Prado le correspondieron las anteriores a esa fecha, y es por eso que el Guernica pasó al MNCARS.) La lista de la donación incluye pinturas de Sorolla, Beruete, Mir, Anglada Camarasa, Riancho, Regoyos y Zuloaga. Si por esas cosas de la vida pasas por el Prado, no te las pierdas. Y si no, puedes pinchar aquí y hacer un recorrido virtual. 



En fin, a estas alturas estaba lo suficientemente cansada y todavía me faltaba media hora para mi turno de entrada a la expo “Miradas afines”. Un rato en la cafetería reconforta a cualquiera…

Zurbarán, Bodegón, sg. XVII


Y llegó el momento. ¿Qué tienen que ver entre sí estos 3 pintores? Velázquez era español, murió en 1660 y viajó poco: sólo 2 viajes a Italia. Aunque no le hacía falta: en la Corte española tenía al alcance de la mano obras maravillosas. Rembrandt era holandés y Holanda era enemiga acérrima de España; murió en 1669 y no salió de su país. Vermeer murió en 1675, sabemos muy poco de él y aparentemente tampoco salió de Holanda. Vermeer tiene una relación indirecta con Rembrandt, ya que su (aparentemente) maestro, Carel Fabritius, fue discípulo de Rembrandt. De todas maneras, Rembrandt era lo suficientemente famoso como para que Vermeer conociera sus obras. ¿Y qué pasa con Velázquez? Seguramente nunca se encontraron, aunque es probable que estuvieran al tanto de lo que hacían unos y otros a través de los grabados que circulaban por ahí. Ninguno de los 3 dejó testimonios escritos, así que supongo que nunca nos enteraremos de mucho más.

El Greco, Jerónimo de Cevallos, 1613
(Imagen: Museo del Prado)

El hilo conductor de la expo propone que, aunque no se hayan conocido entre sí, los 3 tienen mucho en común, más allá de los nacionalismos que impone la Historia del Arte academicista. Me parecía un planteo un poco débil y me interesaba entender la idea. La expo comienza con comparaciones sobre la moda de la época: negro por todas partes. No le vi mucho sentido empezar con este tema: los Habsburgos, haciendo gala de austeridad y sencillez, pusieron de moda el negro. Sin embargo, lograr que ese color tuviera un tinte profundo, oscuro y duradero en una tela no era precisamente barato… Y los holandeses, que habían sido parte del Imperio Español, recibieron esa influencia; sin embargo, cuando se independizaron siguieron usándolo: era coherente con el puritanismo calvinista. En fin, que estos 3 pintores retrataran a la gente así es, para mí, una cuestión accesoria: simplemente ellos se vestían así. Entre golillas, puntillas y lechuguillas, contemplé magníficos cuadros de Hals, El Greco, Fabritius, Goltzius, Rembrandt… 



Y ¡oh, sorpresa!, el magnífico cuadro de Rembrandt, El gremio de los pañeros. No me lo esperaba, realmente: ¡me salvé de ir hasta Amsterdam! Es un cuadro que no se puede explicar: hay que verlo en vivo y en directo. Es cuando te das cuenta de que las reproducciones no sirven para nada: el manejo de la luz, del movimiento, el juego de las miradas, las manos, la jerarquía de los personajes, el difuminado… Aun así, creo que hubiesen tenido que colgarlo un poco más alto, pues se pierde el efecto de “Te estoy mirando, espectador”, que era lo que Rembrandt pretendía. (Y así estuvo colgado largo tiempo en la sede del gremio.)

Rembrandt, El gremio de los pañeros, 1662


Velázquez, El bufón  don Sebastián de Morra,
1643
Y luego de la moda pasamos al juego de la realidad-ficción: estos pintores buscaban representar la realidad, pero no servilmente, sino que fuera verosímil, sin ser una mera copia o una idealización. Fuera la belleza intemporal del Renacimiento. Velázquez se atrevió a pintar a los bufones de la Corte, elevándolos a la categoría de nobles al retratarlos. ¡Ya le valieron ácidas críticas en su momento! Y aquí tenemos a Ribera, que desde Italia mandaba cuadros tenebrosos, influido por Caravaggio















Vermeer, El geógrafo, 1668
Y a Ter Bruggen, que había estado en Italia y que probablemente conociera a Ribera. Y seguimos con Maetsu, Maes, Cajés, Zurbarán y, por fin, Vermeer y su Geógrafo (que ya lo había visto en el Guggenheim de Bilbao hace un tiempo). 



















Rembrandt, Autorretrato como San Pablo,
1661
Y luego, de nuevo Rembrandt con su autorretrato como San Pablo: impresionante, impresionante, ¡cómo pinta las arrugas de la frente!
















Y en la otra sala saltamos al gusto por el lujo y los bodegonesvan der Hamen, van der Ast, Zurbarán, Claesz, Ramírez

van der Hamen, Bodegón con alcachofas, flores y recipiente de cristal,
1627


Velázquez, Vista del jardín de la Va. Medicis, Roma,
por la tarde, 1649

Un momento, ¿qué veo!: ¡Vermeer y Velázquez juntitos! La calle de Delft, una joya, un pequeño regalo de la Historia de la Pintura, y el jardín de la Villa Medici (te lo mostré aquí). Curiosamente, los 2 del mismo tamaño: ¿sería porque era un formato portátil? (Conste que no había tubos de óleo todavía.) Un verdadero regalo ver estos 2 cuadritos juntos: el de Velázquez, quizás pintado al aire libre; el de Vermeer, copiado con su cámara oscura y terminado en taller y de una minuciosidad imposible.















Ter Bruggen, Demócrito, 1628
Más adelante, la sección que han llamado “Pintar a golpes de pincel groseros”, algo que se criticaba muchísimo, como falta de delicadeza en el acabado, que consagraba como obra de arte al boceto preparatorio. Los venecianos, en especial Tiziano, habían comenzado a usar esta técnica. Rembrandt, en esto, es un maestro. Y por último, los contactos entre artistas y mecenas de un país y del otro: ter Borch, Steen, Hoogstraten; los artistas iban y venían y, a pesar de las enemistades políticas, recibían encargos de uno y otro lado.













van der Vackert, El orfebre Bartholomeus
Jansz der Assendelft, 1627
Lástima que no dejan sacar fotos en el museo: puedes recorrer las expos en la web (te dejo los enlaces abajo). Eché de menos algunos asientos, para poder observar ciertas obras con detenimiento: algo muy usual hoy en día en expos en las que se espera mucha afluencia de público (¡hay que circular, nada de contemplar!). Aprendí muchísimo, te lo aseguro. Pero igual salí un poco desconforme con la propuesta. Es obvio que hay puntos en común en los artistas que han sido expuestos, pero creo que la idea central no está convenientemente explicada. Si se trata de que la visión del arte de una época está más allá de las naciones y sus enemistades, esto tendría que haber sido remarcado aún más en los textos que acompañan a las obras. Creo que hubiese sido mejor profundizar un poco más la idea de una fuente común, Caravaggio, que influye desde Italia al Barroco español y al holandés. Sin olvidar que, aunque los holandeses odiaban al enemigo español, su influencia había dejado su huella y todavía seguía ahí al lado, muy cerquita, en Flandes.






Hals, Retrato de un hombre, 1630
De todas maneras, hay que agradecer el tremendo esfuerzo que implica una expo de esta naturaleza y la colaboración de otros museos que aportaron sus obras. En fin, son puntos de vista. Lo pasé muy bien, aprendí muchísimo, llené mi libreta de apuntes… y aquí te lo cuento.
















Exposición “Velázquez, Rembrandt, Vermeer: Miradas afines” (pincha en los títulos si quieres verlas online)

“El Gabinete de descanso de Sus Majestades”, hasta el 24 de noviembre (Te recomiendo el video en el que se recorre la sala.)

Donación Hans Rudolf Gerstenmaier, hasta el 12 de enero 2020

Museo del Prado, 200 años (Imagen: C. del Rosso)


 Si quieres saber más sobre este museo, puedes leer este post anterior:
No siempre estuvieron ahí

Y si te da ganas darte una vuelta por artículos anteriores: 

Sobre Velázquez, pincha aquí, aquí, otro poco por aquí, y aquí.

Sobre Rembrandt, pincha aquí y aquí.

Sobre Vermeer, pincha aquí, aquípor aquí.



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