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jueves, 19 de febrero de 2026

Oriente vs. Occidente

 

Hokusai, La gran ola, 1831

¿Cómo te lo explico?

Sé que me voy a meter en un lío. Me gustan los desafíos como éste porque aprendo mucho.

Rubens, El descendimiento de la 
Cruz, 1612

Hemos hablado en este blog varias veces sobre distintos tipos de composición pictórica. Es decir, cómo nos arreglamos los artistas para disponer los elementos en el rectángulo (u otros formatos) del cuadro. No es trivial el asunto, pues pretendemos llamarte la atención, además de revelar una forma de expresión. Si quiero mostrar movimiento, usaré una composición en diagonal, p.ej., como en el “Descendimiento” de Rubens o en el “Fin de arabesque” de Degas.

Degas, Fin del arabesque,
1877

Y así podría seguir un rato largo (ahora que lo pienso: podría hacer una serie de tipos de composición, ¿qué te parece?).

El problema es cuando queremos abordar la Pintura oriental: otro mundo. Nada que ver.

Bonnard, Vista del puerto viejo de St.Tropez,
1911

Y aquí comienza el desafío. Oriente tiene otra cosmovisión, y me quedo con China y Japón, porque si me extiendo a otras zonas este artículo sería demasiado largo. Te tendría que explicar, p.ej., la influencia de Egipto en la pintura griega o de la cultura musulmana en la Edad Media. Decía: tiene otra cosmovisión, otra manera de ver el mundo diferente a nosotros. Al menos, hasta fines del sg. XIX-comienzos del sg. XX, y ya te contaré por qué.

Cassatt, Tea time, 1890, aguatinta


En general (porque hay muchos tipos de composición), en Occidente concebimos el cuadro como una ventana (te lo conté por aquí). Es un rectángulo que te abre a otros mundos. Para eso, en el Renacimiento inventamos la perspectiva lineal, geométrica, con puntos de fuga (lo vimos aquí). Matematizamos la realidad; todo se vuelve línea. La perspectiva salva la gran carencia de la Pintura: no tiene profundidad y hay que simularla.

Leonardo, La Última Cena, 1495

Al poner el punto de fuga, la composición de la obra está centrada en el punto de vista del espectador. La composición está dirigida a ti, para que te pongas delante, justo ahí, donde yo te digo.

Friedrich, Árbol solitario, 1911

Necesitamos también el equilibrio. Durante siglos la posición central de los objetos en el cuadro fue la preferida. Un jarrón, un personaje, un árbol puesto en el centro del cuadro va a implicar estabilidad, equilibrio. Pensamos en que lo equilibrado y simétrico es bello. Lo que está en el centro se destaca y ahí vas a mirar primero. 

Pollock, Convergencia 10, 1952

También necesitamos llenar el espacio. No puede quedar nada vacío. Incluso un Pollock llena el lienzo sin dejar ni un hueco libre. ¿Le tenemos miedo al vacío? Los cuadros nos cuentan historias, nos muestran escenas íntimas o la naturaleza. Y, al rellenar el espacio alrededor de la figura u objeto-protagonista, nace la relación de fondo y figura. ¿Cuántas veces hemos hablado de primer plano y fondo…???? (Lo vimos por aquí.)

Still, Pintura con letras rojas, 1957

Por otro lado, buscamos la luz y el color y los cuerpos, las figuras, tienen volumen, con sus sombras propias y proyectadas.

Zurbarán, Naturaleza muerta con limones,
rosas y naranjas, 1633

Vamos al otro lado del mundo.

Te aclaro: no soy especialista en estos temas, no sé chino ni japonés, pero trataré de explicártelo lo mejor posible. En mis comienzos como pintora estudié pintura japonesa (sumi-é) y pude ver desde dentro esto que te voy a explicar ahora. También me tocó conversar de estos temas con un profesor muy querido de la Univ. de Navarra, Joaquín Lorda; aprendí mucho con él. Era un sabio andante, que era capaz de traer un rollo chino y explicártelo con toda la paciencia del mundo (y no podías decirle que no, porque lo hacía con tanto entusiasmo que toda cosa urgente que tuvieras que hacer quedaba para después).

Zhao Yong, Caballo y palafrenero, 1347


China y Japón estuvieron desconectados de Occidente durante mucho tiempo, por decirlo de alguna manera. Bueno, no es que no había relación, ya sabes, la Ruta de la Seda, la pólvora, las porcelanas y los espaguetis de Marco Polo, pero no podemos decir que ese contacto hubiera influido en el arte de ambas partes. Simplemente, estaban muy lejos, las comunicaciones no eran lo que son hoy y, a pesar de que siempre se admiraban los objetos que llegaban, eran algo exótico que sólo influía de pasadita en la cultura europea.

Para ponernos en contexto: cuando en el sg XIV China abordaba la dinastía Ming, en América reinaban los aztecas, los toltecas y los incas y en Europa Bizancio iba llegando a su fin y el estilo gótico era lo máximo.

Cassatt, Interior de un tranvía,
1890, aguatinta


Entonces, ¿en qué se diferencia la composición oriental de la nuestra?

Primero, nada de simetrías. Aunque se prefieren los laterales del cuadro para ubicar las figuras que se quieren destacar, también aparece la posición central, pero no necesariamente simétrica.

Gao Jianfu, Patos y rosas,
sg.XIX

No le tienen miedo al vacío. Puedes ver objetos “volando”, sin sombras proyectadas, rodeadas de la nada, de puro blanco. Y no les molesta. ¿Por qué? Porque consideran al Universo como un todo, donde vacío y objetos son un todo armónico. El vacío es presencia, energía.

Li Song, Cesto con flores, sg. XII

Las figuras son planas, sin volumen. No hay perspectiva lineal. La ilusión de profundidad se da por superposiciones de planos.

Hiroshige, Monte Fuji en rojo, sg.XIX

No hay un solo punto de vista. Podemos tener, p.ej., la visión interior de una casa vista desde arriba, sólo porque el pintor hizo volar el techo para que podamos espiar a esos vecinos.

Anónimo, Manuscrito ilustrado de
los Cuentos de Genji, sg. XVI 
(fragmento del rollo)

O una visión dinámica, como, p.ej., en un rollo. En éstos se desarrollan historias continuas, sin divisiones. Vas desenrollando mientras progresas en la lectura y van apareciendo distintas escenas: es algo dinámico, sin un punto de vista especial, sino que se va dando de manera horizontal. (Algo parecido se dio en la Pintura medieval, aunque lo más común es que las historias estaban divididas en campos/zonas.)

Fragmento del rollo de la Historia del Gran Ministro Ban, sg. XII

El pintar es parte de un ritual, es meditación. Si pensamos en que el artista vuelca su alma en su arte, debe de tener el consecuente estado espiritual para poder expresar esa fuerza interior. (Como los copistas medievales, de este lado del mundo; lo vimos por aquí).

Hishida Shunzo, Hortensias, 1902

Entonces, como parte de ese proceso de inspiración, no existe la originalidad, la creatividad del autor. Los artistas repiten una y otra vez los motivos tradicionales y no hay espacio para cosas nuevas. (Lo mismo pasaba con los iconos griegos-rusos o con los dichos copistas medievales -lo vimos por aquí.)

Ni Zan, Viento de otoño, sg. XIV

Verás que las láminas incluyen mucho texto. Son narraciones o poemas; también, dedicatorias. Con nuestros ojos occidentales pensaríamos que las pinturas son ilustraciones de esos textos. Pero no: es toda una unidad. Las imágenes no acompañan, sino que son parte del todo. Lo mismo pasa con la firma del autor: es parte también de la imagen, se integra en el todo. El artista coloca la firma y su sello en donde no moleste al equilibrio de la composición.

Ogata Korin, Iris, parte izquierda de un biombo, sg. XVIII

En el caso de Japón, si bien la influencia china es enorme, ellos desarrollaron un arte propio, con características muy marcadas. Por empezar, renuncian al color. Son extremadamente austeros. Si ves una obra japonesa con color, es porque tiene muchísima influencia china.

Hiroshige, Vistas de Edo 72,
Vista del templo, sg. XIX

También los japoneses entienden la obra como un todo, en el que el vacío no existe, sino que es pura energía. No dudan en cortarle las cabezas a las figuras, es decir, recortan las figuras para acomodarlas en el límite de la obra, la forma completa está sugerida y el borde del cuadro se difumina. El cuadro está inmerso en el Universo, es parte de él; no es una ventana.

Hishida Shunzo, Gato y 
ciruelos en flor, 1906

Los objetos y figuras son planas, no hay modelado de luces y sombras. (Si has visto algún cómic japonés, me entenderás perfectamente.)

Monet, El puente de los nenúfares, 1899

Pero esto cambió a fines del sg. XIX. Japón no tuvo relaciones comerciales con Occidente durante dos siglos, un bloqueo comercial por voluntad propia (salvo con Holanda). En 1854 Estados Unidos obligó a Japón a abrirse al comercio internacional y comenzaron a llegar mercaderías envueltas en estampas japonesas. Valían unos pocos centavos y Monet, Van Gogh, Cassatt, Degas, comenzaron a coleccionarlas. Fueron fuente de inspiración directa para el Impresionismo. Esto cambió por completo la forma de componer en Occidente. Así vemos, p.ej., a Degas cortándole las cabezas a sus bailarinas o a Van Gogh o a Gauguin, pintando figuras planas, sin modelado.

Degas, La orquesta de la Ópera, 1870

¿Y qué pasó con Oriente? ¿Hubo influencia occidental? Sí, varios artistas japoneses fueron estudiar a París y trataron de relacionar estos dos mundos. Cuando volvieron a Japón se dedicaron a enseñar a dibujar y a pintar los motivos japoneses a la manera occidental (Yōga). Pero duró poco tiempo, pues se consideró una pintura extranjerizante.

Kuroda Seiki, Debajo de la sombra de un 
árbol, sg.XX

En China pasó lo mismo, aunque por esas cosas de la Historia esto cambió para siempre. Con la Revolución de 1949, bajo la influencia de la URSS, la pintura se volvió propaganda política y se tomó el modelo ruso, o sea, composición totalmente occidental.

Takashi Murakami, Pelota de flores, 2002

En el arte contemporáneo oriental estos límites ya casi ni se notan. Tenemos a Takashi Murakami, con obras con estilo Pop-Art, pero con estética japonesa, sin modelado; Cai Guo-Qiang que “pinta” con explosiones de pólvora y humo; Yayoi Kusama, que juega con el vacío y la figura. Xu Bing, que usa una caligrafía inventada, que no dice nada.

Cai Guo-Qiang, Sin título, humo, sg.XX
(Withword Gallery)

Y no te olvides, la composición va más allá de cómo colocamos las figuritas: evidencia nuestra visión del mundo y cómo nos enfrentamos a él.

Yayoi Kusama, Sin título, 1967

¿Qué te parece?

Kume Keishiro, Otoño, sg.XX

Fuentes: Clunas, C. Art in China. Oxford, Oxford University Press, 1997

Fahr-Becker, G. Arte asiático. Köln, Könemann, 2000

Honour, H.-Fleming, J. Weltgeschichte der Kunst, Munich, 1983

Schlombs, A. Hiroshige. Köln, Taschen, 2007



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