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jueves, 11 de abril de 2024

En el Día del Arte, Leonardo



Leonardo, El hombre de Vitruvio, 1492


El Tratado de la Pintura


En casa de mis padres había un libro viejo y amarillento llamado “El Tratado de la Pintura”, de Leonardo da Vinci. Por ese entonces yo no tenía ni idea de quién era, era muy chica y apenas si sabía leer. También guardábamos una reproducción de “La dama del armiño”. En mi familia, como buenos italianos, se aprecian mucho estas cosas. Había un tal Leonardo presente en varios rincones.

Con el tiempo, bueno, sí, supe quién era Leonardo y el “Tratado de la Pintura” seguía (sigue) ahí.

Leonardo, La dama del armiño, 1483


¿Y qué es un tratado de Pintura? Por el nombre puedes adivinar que es algo así como un manual sobre cómo pintar, ¿no? Así es, pero no del todo.

Leonardo, Estudios de anatomía,
laringe y piernas
Leonardo nos dejó muchísimos escritos, sobre temas variadísimos, no sólo de Pintura. Puedes encontrar observaciones sobre mecánica, las fuerzas naturales, el sonido, la geometría, anatomía, el movimiento de los animales, fortificaciones… Leonardo era un ser inquieto que quería entenderlo todo. Esencialmente, un científico que, a veces, pintaba.









Leonardo, Autorretrato,
1512


Sin embargo, no son libros propiamente dichos. Lo que quedó de él son sus notas, con sus dibujos explicativos, o sea, hojas sueltas, sin un orden lógico. Aparentemente, estaban destinadas a ser publicadas en libro, pero él nunca llegó a hacerlo. Y por supuesto, con su escritura espejo: de derecha e izquierda, invertida, que sólo puedes leerla con un espejo. ¿Por qué lo hacía? Era zurdo, le era más fácil así, aunque también se dice que era para ocultar el contenido y que no le robasen las ideas (o que no lo condenaran por sacrílego, dadas sus investigaciones anatómicas con cadáveres).

Sus notas sobre Pintura datan de su estadía en Milán (1482-1499), cuando trabajaba para Ludovico Sforza. Se lo conoce como Codex Urbinas, pues uno de sus últimos dueños fue el duque de Urbino, Francesco dalla Rovere, en el sg. XVII, hasta pasar a la Biblioteca Vaticana en 1626, donde hoy se encuentra.


Leonardo murió en Francia, en 1519, a los 67 años, en el castillo de Amboise, y, según cuenta la leyenda, en brazos del rey Francisco I, quien lo protegió durante sus últimos años de vida. Vasari cuenta que estaba muy enfermo, no se sabe muy bien de qué, aunque los estudiosos creen que había tenido un accidente cerebral que le dejó como secuela la parálisis de su mano derecha.

Boltraffio, Francesco Melzi,s.f.

Su fiel alumno y asistente,
Francesco Melzi, lo acompañó hasta sus últimos momentos. Leonardo lo nombró su heredero y Melzi tuvo que encargarse de poner en orden sus papeles y ocuparse de las obras que estaban en el taller (que fueron compradas rápidamente por Francisco I y es por eso que la Mona Lisa pertenece a Francia).  También le legó varios cuadros a su otro alumno, Salai.

Melzi hizo lo que pudo. Trató de darle coherencia a todas esas notas, de organizarlas de alguna manera. Volvió a Italia, se casó, tuvo 8 hijos y uno de ellos, Orazio, fue el que recibió como herencia todos los manuscritos de Leonardo. Sin embargo, los papeles se dispersaron, fueron separados en varias partes, por descuido, por tratar de hacer dinero con ellos, por terminar siendo botín de guerra… (Napoleón se llevó unos cuantos a Francia) Es así como hoy se encuentran en distintas manos: en Francia, en el Vaticano, en Italia, en España, en Inglaterra y en manos privadas (como el Códice Leicester, que es propiedad de Bill Gates).

Leonardo, La belle ferronnière, 1495

Por eso, hablar de un libro, en este caso, no es muy acertado. Además, la ordenación de las notas varía según la edición; cada uno trata de poner orden en el caos que dejó Melzi y compañía. Y ediciones del Tratado hubo muchísimas. Las copias circulaban por todos lados.: la influencia de Leonardo crecía más y más. Vasari tuvo oportunidad de tener el manuscrito en sus manos: Melzi había acudido a él para que lo ayude en la publicación.

El texto, en general (porque, como te dije, cada edición tiene un criterio diferente), está dividido en dos partes: la primera, de consideraciones teóricas, y la segunda se dedica a la parte práctica.

En la primera parte, Leonardo establece su posición acerca de la importancia de la Pintura frente a otras disciplinas artísticas, tales como la poesía, la música o la escultura. (Te lo conté por aquí.) Para él está por encima de todas y se la puede elevar al rango de ciencia, pues, p.ej., acude a la geometría y a las matemáticas para representar la tridimensionalidad a través de la perspectiva lineal. Un pintor, en esa época y durante mucho tiempo después, era considerado un artesano, como los zapateros, los albañiles, los panaderos… Por eso es que Leonardo hace su defensa de la Pintura, para reivindicar la labor de los artistas. Y sabe muy bien que se le van a tirar encima unos cuantos. ¿Por qué el pintor es un artesano y el poeta o el músico no?

Y como la ciencia se basa en la observación de la Naturaleza, así también podría considerarse a la Pintura como una ciencia. Además, no te pones a pintar de manera mecánica, requiere de comprensión y análisis. El pintor puede pintar lo que quiera, copiando a la naturaleza o a partir de su propia imaginación. Yo me pregunto qué diría sobre la pintura abstracta, sin formas: seguramente la apoyaría.

Leonardo, Mapa de Toscana y Valdichiana, 1510


En la parte práctica, nos habla sobre cómo pintar el paisaje o los pliegues de la ropa, aunque lo que más le interesa es la perspectiva, el problema de las proporciones de la figura humana o la expresión de las emociones en el rostro. Bueno, al menos, en el texto que nos ha llegado, pues se han perdido varias hojas…

Leonardo, Paisaje pisano, 1502


La influencia del “Tratado” en el arte fue enorme. Aún hoy sus consejos sobre cómo pintar siguen siendo actuales. P.ej., la “perspectiva aérea” (lo vimos por aquí): cuando paseas por el campo y a lo lejos ves unas montañas, ¿cómo sabes que están lejos? Pues, como dice Leonardo, porque las vemos azuladas, borrosas, grisáceas. A eso él lo llamó “perspectiva aérea”, o sea, que en los cuadros podemos marcar la profundidad, la distancia, sólo con agrisar los objetos que están más lejos.

Leonardo, Madonna del clavel, 1470


Otro: cómo lograr que las figuras parezcan que tengan relieve. Él nos indica ponerle un foco de luz, modelar las sombras, poner la figura en un entorno oscuro y remarcar los relieves con blanco… Aquí está el germen del claroscuro de Caravaggio (y probablemente tenga el mismo origen: la cámara oscura, que lo vimos por aquí). O que las sombras tienen color (como ves, esto que propiciaban los impresionistas ya lo había visto Leonardo, en fin, lo vio todo).

Leonardo, San Juan Bautista, 1513


También había observado que los colores interactúan entre sí y que el blanco y negro no son colores. Perdón, Prof. Itten o Prof. Albers, Leonardo se les adelantó. (Te lo expliqué por aquí.)

Bueno, por supuesto, todas las indicaciones posibles que tengan que ver con las proporciones de la figura humana (¡el famoso “Hombre de Vitruvio”), de acuerdo con las edades correspondientes; con su movimiento y sus emociones…

Y nos deja estos consejos para los artistas venideros: observen siempre la Naturaleza; no copien de otros artistas y busquen siempre a la Belleza.

¿Conocías esta faceta de Leonardo y todos los líos que se produjeron con sus escritos?

 

Para escribir este artículo estuve usando:

Da Vinci, Tratado de la Pintura. Madrid, Espasa, 2005

Si quieres saber más sobre Leonardo, te recomiendo:

Brion, M. Leonardo da Vinci. Barcelona, Vergara, 2002

 

 

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