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jueves, 20 de julio de 2023

Malevich y su cuadro de nada

 

Malevich, Cuadrado blanco sobre blanco, 1918


 De vacaciones

El arte de nuestro tiempo da para la polémica.

Esto me pasó una vez. Estaba acompañando a un grupo de visita en un museo. Uno de los participantes era un coleccionista de pintura del sg. XIX. Estábamos en una sala de arte moderno/contemporáneo y de repente, lo veo a este señor, muy desorientado, contemplando este cuadro de Malevich (que había llegado como préstamo). Me acerqué con toda la intención de auxiliarlo y enseguida me dijo: “Cristina, ¿esto cómo se entiende?”.

No cabía en su asombro. Claro que conocía a Malevich, es una persona muy culta, como pocos. Lo que lo desconcertaba era ese juego de, primero, nada figurativo, sólo geometría, y, segundo, que fuese todo blanco.

Malevich, Cuadrado negro, 1915


Si el cuadrado negro sobre blanco ya era absolutamente rompedor, éste lo fue aún más. Y estamos hablando de 1915… Cuando ves las fechas de estas obras, cabe preguntarse qué hemos hecho en Pintura después de ellos… Tienen más de 100 años y siguen pareciendo actuales.

Malevich, El vuelo del aeroplano, 
1915

Alguna vez te hablé de este artista
(puedes releerlo por aquí). ¿Cómo se llega a pintar un cuadrado negro sobre uno blanco en 1923? Monet no había muerto todavía, aunque ya teníamos a Matisse, a PicassoMalevich comenzó, casi como todos en esa época, con el expresionismo, bien colorido. Después lo cautivó el cubismo. Y se preocupó por el espacio, cómo ubicar las formas en el plano. Así, comenzó a experimentar con superposiciones. Eran los tiempos de la guerra, tiempos confusos y tremendos. Se imaginó la vida vista desde un aeroplano: aire y formas sencillas. La perspectiva no hace falta cuando vuelas: no hay líneas de fuga. La única manera de expresar la profundidad es con superposiciones.





Pero no se contentó con esto. Buscaba la esencia, lo inmutable. ¿Qué puede haber más eterno e inmutable que la geometría? Había que encontrar la forma por excelencia, ésa que expresara lo absoluto por sobre todo. Fuera los objetos, las figuras, que son expresión de lo cotidiano.

Malevich, Círculo negro, 1923


El cuadrado negro sobre blanco no tiene sombra, no tiene volumen. Está más allá de la realidad.  Es un intangible. O sea, algo espiritual.

Cuando Malevich lo expuso en 1915 lo colocó en la sala según cómo los rusos ubican los iconos en los ambientes. Su cuadrado era un icono moderno. Así (y tal como los iconos, lo vimos por aquí), pretendía superar el aspecto de cuadro como objeto, espiritualizarlo.



De este cuadro hizo varias copias. Cuando tuve oportunidad de ver una de ellas, me llamó la atención el aspecto craquelado del cuadrado negro. No sabía en ese momento si era intencional o si era por el mal uso de los materiales. El craquelado surge cuando no se respeta el orden en el que deben ir las capas de pintura: en óleo, siempre graso sobre magro, es decir, pintura con más o menos aceite o trementina. Si inviertes el proceso, la superficie se craquela. Encontré la explicación más tarde: eran tiempos de guerra y no se conseguían los materiales. Malevich pintó encima de otro cuadro para aprovechar la tela y ésa es la consecuencia.

Malevich, Cuadrado negro, 1923-1929


Lo llamó “la primera obra suprematista”. El Suprematismo era la manera de incorporar en la Pintura una dimensión espiritual que superaría los límites del espacio, para todos, para creyentes y ateos. Negro y blanco: luz y oscuridad, nada de color. Un cuadrado negro flotando sobre otro blanco. ¿O es un marco? Y de ahí quedaba sólo un paso hacia cuadrados blancos. Una forma blanca flotando sobre otra casi del mismo tono: buscar la infinitud, la pureza, la luz.

Malevich, Cruz negra, 1920


Malevich, Cuadrado negro
y cuadrado rojo, 1915

Sus obras desconcertaron al público:
no era de extrañar. Sin embargo, las nuevas autoridades no lo vieron mal e incluso llegó a ocupar puestos directivos en instituciones culturales. Pero no duró mucho tiempo: en 1926 fue defenestrado de su puesto y sus obras, prohibidas. Salió de Rusia con muchas de sus obras, fue recibido en la Bauhaus (lo vimos por aquí). Volvió en 1927, pero esta vez sin sus cuadros: los dejó bien escondidos. Siguió ocupando puestos importantes, pero ya no pintó obras suprematistas para no ser censurado de nuevo.

Cuando murió, en el velatorio estas pinturas acompañaban su ataúd. Su tumba tiene como lápida un cubo blanco con un cuadrado negro.






Y mira tú, aún hoy sigue desconcertando. Y ya lleva más de 100 años.

Fuentes: Fundación March, Malevich,Colección del Museo Estatal Ruso, 

San Petersburgo. Madrid, Fundación March, 1992

Laneyrie-Dagen, N. Leer la pintura. Barcelona, Larousse, 2010

Néret, G. Malevich. Köln, Taschen, 2017

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