![]() |
| Sargent, Champagne, 1883 |
El caso de Mme. X y John Singer Sargent
Quién diría.
![]() |
| Sargent, Mme. X, 1884 |
Este cuadro provocó un tremendo escándalo y
significó un cambio de rumbo total en la vida del joven Sargent.
John Singer Sargent, del cual hablamos por aquí, era americano, pero nacido en Florencia. Hombre de mundo, pintor viajero
incansable. Como todo joven artista que quiere progresar en su profesión,
anhelaba hacerse un hueco entre la alta sociedad parisina, donde pudieran
hacerle encargos.
![]() |
| Sargent, Autorretrato, 1907 |
No le estaba yendo mal. Le habían encargado
pintar a las hijas de Boit, había tenido éxito con El jaleo y tenía
entre manos el retrato de la Sra. White. Sin embargo, sentía que le estaba
faltando un empujoncito, algo que lo posicionara y lo destacara ante el resto.
Talento tenía y de sobra.
![]() |
| Sargent, Las hijas de E.D.Boit, 1882 |
Y apareció en su horizonte Mme. Gautreau, la celebrity
parisina del momento. Exactamente, Virginie Amélie Avegno, señora de Gautreau,
un banquero. Había nacido en Nueva Orléans y emigrado a París con su madre. Su
esposo era 21 años mayor que ella. No gozaba de buena fama en la alta sociedad,
pues corrían muchos chismes acerca de su liviandad en las costumbres, pero,
supongo yo que, si eran ciertos, mucho había también de envidia y celos.
![]() |
| Sargent, Mme. Gautreau, boceto, 1883, acuarela |
Era una belleza exótica (“una belleza
destructiva”, decían); una figura estilizada, de cuello largo, con una nariz
griega. Ella remarcaba estos atributos empolvándose en talco, para que su piel
fuera más blanca de lo que ya era, con lo cual aparecía ante los demás como una
estatua de mármol o un adefesio, para algunos. (Cuentan que tomaba pastillas de
arsénico para lograr semejante palidez.) De todas maneras, americana, de una
belleza extraña, sus infidelidades y, encima, cultivando una apariencia
llamativa con maquillaje extravagante… era obvio que iba a ser poco querida en
París.
Todos querían retratarla y ella se negaba.
Hasta que, por intermedio de un amigo en común, Sargent se ofreció a pintarla
y, curiosamente, ella aceptó. Quizás porque los dos eran americanos en París.
En ese entonces ella tenía 25 años y el artista, 27.
![]() |
| Sargent, Mme. Gautreau, boceto a lápiz, 1883 |
Sargent se la jugaba con todo. Entre que ella
rechazaba todas las propuestas de otros pintores y que lo había elegido a él, la
necesidad de asombrar al Salón y la fama de la señora tenía un peso
considerable sobre sus espaldas.
Ella no se lo tomaba en serio, se aburría con
las sesiones de posado, debía atender compromisos sociales, a su hijita, a su
madre y manejar la casa: lo tenía a Sargent pendiente de ella. Finalmente, le
pidió que fuera a verla a Paramé, en la Bretaña, donde haría vacaciones.
Mientras tanto, él se quejaba en las cartas a sus amigos de la pereza de la
señora y el poco interés que ponía en el encargo.
Aunque era tan joven, el artista tenía ya un
dominio increíble del oficio y había ganado ya sus medallas. Sin embargo,
frente a este desafío se esmeró como nunca. Hizo casi 30 bocetos. ¿Los
necesitaba? Evidentemente no. Pero es que no encontraba la pose, ésa que
hace que un cuadro perdure por siglos.
![]() |
| Sargent, Mme. Gautreau, boceto a lápiz, 1883 |
Y finalmente se decantó por ésa que la hizo
perdurar hasta el día de hoy.
Virginie aparece en el cuadro de frente, con
una mano apoyada sobre la mesa: una pose clásica y elegante. Pero con un
pequeño cambio: la hace mirar hacia el costado, de tal manera que se destaque
su perfil. La pinta así, tal cual es, blanca como el mármol, como una estatua
griega. Sólo queda su oreja, carmesí, como revelación de que no, no es una
estatua, es un ser humano. Sargent, eres un genio.
Ella viste un vestido negro, muy escotado, con
la cintura marcada por el corsé, como era la moda de ese tiempo. Los hombros
descubiertos, con breteles (¿tirantes, dices tú?) de piedras preciosas. Lleva
una diadema con una luna creciente, como alusión a la diosa Diana: ella quiso
usarla. Suma elegancia.
![]() |
| Sargent, Sra. Henry White, 1883 |
Pero el cuadro original no era así. Sargent
dejó caer uno de esos breteles, el de la izquierda. Un detalle sensual, nada
inocente. Como buen retratista, estaba pintando la personalidad de madame.
Ella estaba muy satisfecha con el resultado,
estaba convencida de que su retrato era una obra maestra. Y lo es. Lástima por
lo que pasó después.
![]() |
| Sargent, El jaleo, 1882 |
Sargent presentó el cuadro en el Salón Oficial
de 1884 con el título de “Mme. ***”, tanto como para guardar el anonimato de
la mujer; el cuadro era
lo suficientemente grande como para llamar la atención. Ese bretel caído y
considerando la fama de Mme. Gautreau provocó un gran escándalo.
Todo París la reconoció. Virginie y su madre
acudieron al taller del pintor a suplicar entre lágrimas que retirara el cuadro
de la exposición. Todo París hablaba de Mme. Gautreau. Sargent se negó: las
reglas del Salón no lo permitían; la pintó tal cual es y no agregó nada que la
gente de París no supiera ya. Finalmente, accedió a corregir la posición del
bretel y renombró el cuadro con el título de “Mme. X”. Pero el daño ya estaba
hecho. (Una versión sin terminar muestra a la figura sin el bretel en cuestión.)
![]() |
| Sargent, Estudio para Mme. Gautreau, 1884 |
Ralph Curtis, uno de sus amigos, le contó a sus
padres por carta cómo había sido el evento. John estaba muy nervioso ante la
reacción del público y se escondía detrás de unas cortinas para que no lo
vieran los conocidos. Las mujeres se
horrorizaban ante el descaro de la mujer retratada. Algunos pintores alababan
la pintura; otros hacían chistes y críticas hirientes. A Curtis no le gustó, le
pareció desprolija.
Marie Bashkirtseff (te conté quién es por aquí), asidua visitante del Salón, comenta en su diario la experiencia ante el
cuadro. Por supuesto, conocía perfectamente a la señora. Ella comenta:
“También hay una pintura de Sargent de la
hermosa Mme. Gautereau. Para mí es la pintura perfecta - magistral, verdaderamente.
Él ha mostrado lo que vio. La bella dama es horrible a la luz del día porque
usa demasiado maquillaje a pesar de sus 26 años. Esta pintura calcárea parece
yeso y le da a sus hombros el tono de un cadáver. Además, pinta sus orejas de
rosa y su cabello del color de caoba. Las cejas están trazadas en caoba para
formar dos líneas gruesas. Está loca o ciega. Lo que no entiendo es la madre o
el marido que le permite hacerlo. Pero por la noche ella es realmente muy
hermosa.”
La prensa no fue favorable. Le llovían
críticas. A pesar de que la exposición estaba llena de cuadros con desnudos,
ese bretel caído era el máximo exponente de la desvergüenza. Acusaban a Sargent
de provocar el escándalo para que se hable de él.
![]() |
| Virginie Avegno, 1878 |
La situación era insoportable. La jugada le
salió mal: la belleza de Mme. X sólo provocaba destrucción. Tuvo que irse de
París, al menos, hasta que amainara el escándalo. Sargent partió a Inglaterra,
invitado por los Vickers (y ya te conté por aquí cómo fue). Desde entonces,
fijó su residencia en Londres y armó una nueva clientela allí. Nunca más
recibió encargos de clientes franceses.
![]() |
| Sargent, Las señoritas Vickers, 1884 |
Con el tiempo, ella encargó a Courtois y a de
la Gándara que la retrataran. El de Courtois, también con el bretel caído. No
hubo escándalo.
![]() |
| Courtois, Mme. P.Gautreau, 1891 |
Después del suceso del cuadro, su círculo social se fue restringiendo cada vez más y ella misma se fue aislando. Quiso ser actriz. Su marido la abandonó. Hizo cerrar todas las ventanas de su casa y quitar todos los espejos. Murió en 1915, con 56 años (¿el arsénico?).
![]() |
| de la Gándara, Mme. P.Gautreau, 1898 |
Mientras tanto, Sargent conservaba el cuadro en su taller. En cuanto se enteró de la muerte de Mme. Gautreau, lo ofreció en venta al Metropolitan Museum, con la condición de que conservara el título de “Mme. X”. Y allí se encuentra, por si lo quieres ver algún día.
Al entregarlo, le dijo al director:
“Supongo que es lo mejor que he hecho”.
![]() |
| Sargent en su taller, 1885 |
Fuentes: Bashkirtseff, M. Diario:
Yo soy el libro más interesante de todos, tomo I; Deseos de gloria, tomo II.
New York, Fonthill Press, 2012
Fairbrother,
T. John Singer Sargent. New York, Harry N. Abrams, 1994
Olson, St.
John Singer Sargent. London, Barrie & Jenkins, 1986


,_John_Singer_Sargent,_1884.jpg)




_MET_ap1970.47.jpg)








No hay comentarios :
Publicar un comentario