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jueves, 1 de febrero de 2024

Dos espías y una colección de estatuas

 

Rubens, Autorretrato con Isabel Brandt, 1609


Rubens era un gran artista y no sólo eso: un caballero, de finos modales, cultísimo y con gran habilidad para los negocios.

Había nacido por casualidad en lo que hoy es Alemania: el padre había tenido que huir de Amberes porque se lió con quien no debía… Y su esposa trató de ser lo más comprensiva que pudo.

Pantoja de la Cruz, Isabel 
Clara Eugenia, sg.XVII

Cuando su padre murió, la madre volvió a Flandes y crió a sus hijos allí. Rubens se sentía flamenco. Flandes era parte de la Corona Española y, por ende, católica. Era gobernado por la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, y su marido, Alberto de Austria. A Isabel le tocó lidiar con la guerra de los 80 años, es decir, con la independencia de los holandeses, que no querían saber nada con España y menos con el catolicismo. Rubens le era leal, como así también para con el rey español.

Nuestro artista era una persona confiable y pronto Isabel acudió a él para que oficiara como mensajero y embajador ante la corte de Madrid. No era nada nuevo: era muy común que los artistas fueran espías o que desarrollaran actividades diplomáticas. Se movían libremente por toda Europa y tenían acceso a los palacios, sin despertar sospechas. Si tenían que retratar a algún noble o rey, pincelada va, pincelada viene, se entablaban conversaciones que quedaban en la intimidad del taller….


Alguna vez te conté esta faceta de Rubens, hace mucho tiempo, la verdad (te lo conté por aquí). A él le encargaron la difícil tarea de que Inglaterra y España se amigaran. Imagínate: España, en una guerra interminable contra los holandeses. Inglaterra, protestante, apoyaba a los holandeses, también protestantes. España tenía que defender al Imperio Austríaco, por lazos familiares. Francia miraba de reojo todo esto que está pasando y no quería que ninguno le pasase por encima, así que apoyó a Holanda en secreto, para desgastar a España. Inglaterra, Francia, España y Holanda (y Portugal) eran imperios que habían tendido sus tentáculos por el resto del mundo y competían entre sí por las rutas comerciales. Había mucho dinero en juego. España estaba en dificultades económicas: una guerra tan larga es difícil de sostener, financieramente hablando, durante tanto tiempo. Bueno, esto es bien resumido… No te quiero complicar con las idas y vueltas de estos países en guerra. Es sólo para ponerte en situación ante lo que te quiero contar.

Rubens, Alegoría de las bendiciones de la paz, 1629


Rubens, George de Villiers,
Duque de Buckingham, 1617


Los protagonistas de la historia de hoy son 3: el duque de Buckingham, George de Villiers; Balthazar Gerbier, asistente del duque y pintor, y, por supuesto, Rubens. Isabel le había encargado mover los hilos para que el rey de España accediera a negociar la paz con Inglaterra. Estuvo 3 años yendo de aquí para allá, a caballo, en misiones secretas, llevando cartas y documentos cifrados, que sólo él podía leer. Muchas veces, en territorio enemigo, en Holanda, con pasaporte especial y evitando entrar a la ciudad.






D'Ouvilly, Balthazar Gerbier, sg. XVII
En estas tratativas su par era Balthazar Gerbier, que era pintor como él, pero parece que con menos prejuicios. Era inglés y de familia holandesa. En 1613 fue a Londres, con cartas de recomendación, y terminó siendo el pintor del duque de Buckingham. Rubens se encontró con Buckingham en París, lo retrató y aprovechó para venderle una gran colección de estatuas antiguas, que le había comprado a su amigo Dudley Carleton, como inversión. El duque estaba muy interesado, naturalmente, pero el trasfondo del encuentro en realidad era político. Gerbier fue el que se encargó de los pormenores de la venta de la colección.

Rubens dejó la colección de estatuas en Calais, bien escondidas, tanto como para no andar de un lado para otro con los mármoles, hasta asegurarse la venta. Le agregó 13 pinturas de su mano. Tuvo que esperar 1 año para concretar. Fue un gran negocio: la había comprado por 6000 florines y la estaba vendiendo por 100000 y no la había pagado en contante y sonante, sino con cuadros suyos. Con ese dinero compró propiedades en Amberes para alquilar.

Como te decía, las conversaciones con Gerbier sobre la colección eran una pantalla. No era sólo una venta de arte, sino que estaba en juego la paz en Europa. Se encontraron en Madrid y en París, varias veces. Se hicieron muy amigos; cuando Rubens viajaba a Londres, se alojaba en su casa y, como agradecimiento, pintó este cuadro de su familia. La amistad no duró mucho, ya verás.

Rubens, La familia Gerbier, 1629


Buckingham fue asesinado en 1628. Su colección de arte fue vendida por partes. Muchos de los encargos que le había hecho a Rubens ya no existen más: desaparecidos en incendios o guerras. Gerbier pasó a formar parte de la corte de Carlos I, como agente en Flandes. Raro, un inglés allí. Pues Gerbier armó una conspiración contra los gobernadores españoles y, como no resultó, le vendió al rey de España los datos de los conspiradores. Un doble agente. Por supuesto, el rey inglés ni se enteró y encima, lo nombró caballero por sus servicios. Gerbier, incluso, espió a Rubens y más tarde confesó que no le había encontrado nada. Evidentemente, era intachable: imposible chantajearlo. Rubens entrevió algo raro y empezó a desconfiar.

Rubens, Adoración de los Magos, 1609


Rubens murió en 1640. En 1641 Gerbier cayó en desgracia; se fue a Francia y se largó con un emprendimiento bancario, en el que le fue mal, y partió a Guyana para hacer negocios con las minas de oro y plata. Se dice que murió en Holanda.

 

Kaulbach, H.-M-, Peter Paul Rubens: Diplomat und Maler des Friedens. Münster, 1998;

Lamster, M., Master of Shadows: the secret diplomatic career of the painter Peter Paul Rubens

New York, Anchor, 2010;

Néret, G. Rubens, Köln, Taschen, 2006

 

 

 

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