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jueves, 18 de mayo de 2023

Bailar con colores



Matisse, La danza

Este mural ¿a quién te suena? Es un Matisse, seguro. ¿Lo conocías? No se ve mucho por ahí, la verdad.

Matisse pintó muchas “Danzas” y ésta es la menos conocida, por razones que te voy a contar más abajo. A ver, repasemos un poco.


Matisse, La danza, 1910


La más famosa es ésta. Un cuadro fabuloso por su composición y por la elección de los colores. Las figuras están dispuestas en un óvalo, que sugiere el movimiento circular de izquierda a derecha. Para evitar el vacío en el centro hace que uno de los personajes se incline hacia adelante para agarrar la mano de su compañero. Eligió el verde de los montes y el azul del cielo y, según él, sólo le quedó el naranja para las figuras.

En cambio, en “Música”, las figuras son estáticas: quiso representarlas como si fueran las notas en un pentagrama.

Matisse, Música, 1910


Melnikov, Serguei Schchukin,
1915

Se los encargó Serguei Schchukin,
su mecenas ruso, para decorar su casa. Son de 1909, cuando Matisse ya era famoso y los fovistas de a poco iban buscando otros caminos. Para “Danza” hizo una 1ra versión que hoy está en el MoMA, con colores más suaves en las figuras.

Schchukin colgó “Danza” y “Música” en su casa de Moscú. Hasta que llegó la revolución de 1917 y le confiscaron su colección. Hoy se encuentran en el Hermitage de San Petersburgo.







Unos cuantos años después, en 1930, Matisse viajó a Tahití y pasó a ver a su mecenas, el Dr. Albert Barnes. Éste le encargó un mural para su museo en Lower Merion (Pensilvania). Barnes tenía una importante colección con obras de Picasso, Cézanne, Renoir y, por supuesto, Matisse. Había hecho su fortuna en la industria farmacéutica y en 1922 mandó construir el museo, con piedras traídas especialmente desde Francia en 3 barcos.

Matisse, La danza, 1909 (1ra. versión, MoMA)


Barnes no le indicó el tema, le dijo que pintara lo que quisiera, “exactamente como si pintara para Ud.”.

El mural estaba destinado a la sala central del museo, con techo abovedado blanco y 3 puertas de 6 x 2 metros, vidriadas, a través de las cuales se ve el verde del jardín. El espacio que a Matisse le tocó decorar fueron las ojivas de la parte superior de las puertas. En la pared opuesta hay una galería con balcón desde donde se puede ver ese espacio. Las paredes entre las puertas estaban destinadas a cuadros. En total, 13 x 3.5 m. Matisse tomó las medidas, hizo un plano del lugar y volvió a Francia. Alquiló un antiguo y enorme galpón para cine y allí se puso a trabajar.

Matisse, La danza, 1933, Barnes Foundation


Estuvo 3 años tratando de encontrar la composición correcta. El problema principal: acomodar la composición a la arquitectura y esquivar las sombras de los montantes de las ojivas. Experimentó con papeles de colores durante esos 3 años (te conté algo por aquí); más tarde dispuso 5 telas de 3 metros para bocetar. Tomó una caña de bambú con un carboncillo atado en la punta e hizo el dibujo de una sola vez. Sólo después de estar seguro de la composición se puso a trabajar en las telas originales. Su propósito era imitar la calidad de los frescos de los prerrenacentistas italianos: ritmo, nada de modulación del volumen con gradaciones de color y continuidad entre los 3 fragmentos del espacio. Además, tenía que considerar que en la parte inferior se iban a colgar cuadros de sus colegas y de él mismo: su trabajo no podía quitarle interés a esas obras. Sin embargo, al poner el color, tuvo que rediseñar las formas de las figuras para que tengan continuidad a pesar de la fragmentación que imponía la arquitectura. No por nada tardó tanto.

Matisse bocetando su mural (Imagen: Barnes Foundation)


En “Notas sobre ‘La danza de Merion’” cuenta:

“En cierta ocasión, mientras deambulaba frente a los setenta y dos metros cuadrados de tela blanca destinados a convertirse en la decoración del doctor Barnes, sin saber por dónde seguir trabajando, vi por casualidad una cuerda que iba desde un tragaluz a un punto cualquiera de mi taller, apartándose y proyectándose sobre mi tela y describiendo sobre ella una gran curva; en aquel momento percibí la relación que existía entre aquella curva y el gran rectángulo formado por las aristas de mi decoración”.

Consigue el efecto deseado en 1932. Pero cuando lo quiere instalar toma consciencia de que no había tomado bien las medidas y tiene que rehacerlo todo. Por eso, hay una 1ra versión en el Musée d’Art Moderne de París. Estaba realmente muy agotado y enfermo, decide descansar. Retoma el trabajo en 1933 y ya con una clara relación con la “Danza” que había pintado para Schchukin.


Matisse, La danza, 1932 (1ra. versión, Musée d'Art Moderne)


Los críticos y amigos vieron esta relación inmediatamente y él no lo negó.

Picasso, Composición:
Los campesinos, 1906

Lo instalaron en mayo de 1933.
Barnes lo vio y quedó muy satisfecho. Cerró la sala y partió para Europa. Matisse quedó muy contento con el resultado: cansado y feliz. Había logrado lo que quería: la sensación de vuelo, de aire, de ritmo.

“En cuanto vi la decoración en su lugar sentí que se había desprendido completamente de mí y que adquiría un significado distinto del que tenía en mi taller, donde no era más que una tela pintada.”






En una conversación con Gaston Diehl dijo:

“Lo más importante era transmitir, en un espacio limitado, la idea de inmensidad. Ésta es la razón por la que pinté personajes que no siempre están enteros, la mitad de los cuerpos queda afuera. (..) Al pintar sólo un fragmento, arrastro al espectador, por medio del ritmo, a seguir el movimiento del fragmento que ve, de manera que tenga la impresión de la totalidad. (…)”

Matisse, Riffian sentado, 1912

En los pilares, entre las puertas,
se encuentra un cuadro de Picasso y otro de Matisse.

¿Y por qué es tan poco conocido este mural?

Primero, porque está en un lugar fuera del circuito turístico. Y segundo, porque Barnes concibió su museo con una Escuela de Arte adjunta. El Museo tenía como prioridad ser fuente de estudio para estos alumnos; sólo estaba abierto al público 2 días a la semana. Barnes dejó ordenado en su testamento que las obras no fueran prestadas por ningún motivo, aun después de su fallecimiento. Pero, claro, nadie iba a ver las obras, el edificio necesitaba refacciones y los balances no cerraban. Fue muy grande la presión, durante años, para trasladar las obras a la ciudad, a Filadelfia. Esto significaba quebrantar el estatuto y el deseo de su fundador; tampoco los estudiantes estaban de acuerdo. Finalmente, la colección pasó a la ciudad. Pero el mural sigue en Merion, el lugar para el cual fue destinado desde un principio.

Fuentes: Essers, V. Matisse. Köln, Taschen, 2005 

Matisse, H. Escritos y consideraciones sobre el arte. Barcelona, Paidós, 2010

Web Barnes Foundation

 





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