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jueves, 8 de diciembre de 2022

La primera Inmaculada

 

Crivelli, Inmaculada Concepción, 1492

Carlo Crivelli, La Inmaculada Concepción

 

Carlo Crivelli es de esos pintores del Prerrenacimiento italiano, uno de tantos y tantos. Ya sabes cómo son las etiquetas con las que los críticos encasillan a los artistas. Es un buen método organizativo y didáctico, pero, como pasa siempre, a veces hay que encajar a algunos con fuerza para que entren en el molde…

Crivelli, San Jorge y
el dragón, 1470

Aparentemente nació hacia 1430 y murió hacia 1494. Como ocurre con muchos pintores de esta época, no se sabe mucho de él. Ni siquiera Vasari lo menciona (si no sabes quién es este señor, te lo presenté por aquí). Sin embargo, hay unas cuantas obras suyas por ahí; muchas fueron a parar a Inglaterra, gracias al gusto de algunos coleccionistas del siglo XIX y de los prerrafaelitas. De hecho, si no te dijera de qué fecha es esta Inmaculada, me dirías que te suena a algún prerrafaelita. 











Pero no, Crivelli es del sg. XV, contemporáneo a della Francesca, Mantegna, Botticelli, Leonardo, Bellini… ¿Y qué hay de la nueva invención de la perspectiva? ¿Y no pinta al óleo?  ¿Era un anticuado, un apegado al pasado? Quién sabe. Todo el cuadro nos recuerda a una pintura medieval: temple, pan de oro, una figura majestuosa, estática, en el centro de la composición; la Virgen, entronizada y rodeada por diferentes elementos…

Acerquémonos un poco más a esta obra tan peculiar. Se dice que ésta es la primera representación de la Virgen como Inmaculada. Está pintada al temple, sobre madera, a la antigua. Mide 194 x 93 cm, con fecha 1492, y se encuentra en la National Gallery de Londres, comprada por esta institución en 1874 a un coleccionista privado. Crivelli pone su firma en una placa debajo, a la izquierda, con una leyenda en latín “Lo pintó Carlo Crivelli, veneciano, caballero, 1492”. Sabemos que había sido nombrado caballero en 1490 por Fernando de Nápoles, en agradecimiento por sus servicios: está muy orgulloso de haber sido elevado a la nobleza.

Crivelli, Anunciación con 
San Emidio, 1486


La Virgen está de pie sobre una tela de brocato que cuelga de una barra por detrás. Parece una figura pegada, superpuesta al fondo: no hay aire, no hay espacio, y en esto sigue siendo medieval. Sin embargo, el muro y el zócalo sí están en perspectiva. De escorzo sabe: mira cómo ha representado la figura de Dios, mirando hacia abajo.







Pero, si observas esta Anunciación, sí que sabía de perspectiva. ¿Cuál es la razón por la cual pinta de esta manera a la Inmaculada? ¿Sintió la necesidad de volver al pasado?

Lo más llamativo en este pintor es con qué esmero trabaja las frutas, las flores y los pliegues de las telas. A la izquierda de la Virgen, una jarra con un ramo de rosas y claveles, símbolo de la Pasión de su Hijo. A la derecha, la jarra de cristal con lirios, símbolo de su virginidad y de su pureza. Ella mira hacia arriba, en actitud contemplativa. Dos ángeles sostienen un lazo con la inscripción en latín “Así como fui concebida en la mente de Dios desde el principio, así también fui hecha”, formando un arco sobre su cabeza. Y más arriba, pequeñita, la paloma del Espíritu Santo.

Crivelli, Virgen con el Niño y San Francisco y
San Sebastián, sg. XV


Pero, ¿no te parece rara esta Inmaculada? No tiene nada que ver con las representaciones a las que estamos acostumbrados.

La devoción a la Inmaculada era un sentimiento popular. Las discusiones teológicas sobre el tema habían dividido a franciscanos (defensores de esta devoción) y dominicos (más tarde se agregaron los jesuitas a la posición de los primeros). El Papa Pío IX dirimió la cuestión en 1854 con la bula Ineffabilis Deus y se convirtió en dogma de fe.

Pacheco, Inmaculada, 1621

Espera: Crivelli es del siglo XV…
Sí. La cuestión de si María nació sin pecado original se discutió durante todo ese tiempo. En Sevilla, particularmente, existía una devoción muy fuerte hacia la Inmaculada. El primero que fija su tipo pictórico es Francisco Pacheco: toma la imagen de la Virgen del Apocalipsis. Ella pisa una media luna (el Islam), lleva una corona de 12 estrellas y no aparece con el Niño; junta las manos en oración, mirando al Cielo, y suele aparecer con movimientos ascendentes (con lo cual a veces se confunde con la Asunción).




Murillo, Inmaculada de 
Soult, 1678

Es así cómo, a partir de la idea de Pacheco
, todos los artistas pintarán a la Inmaculada como estamos acostumbrados hasta hoy. El maestro de las Inmaculadas, por supuesto, Murillo
quien pintó unas 20. Famosísimas, contribuyó a la difusión de la Virgen con estas características. (Si te lo perdiste, lo vimos por aquí.)







Aparentemente esta Inmaculada de Crivelli estaba destinada a la iglesia de San Francisco, en Pergola, (Las Marcas). Para los franciscanos, los devotos de la Inmaculada.

Fuentes: Welch. E. Art in Renaissance Italy. Oxford, Oxford University Press, 1997

web National Gallery, Londres

 


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