Murillo, Inmaculada Concepción de los Venerables o del Mariscal Soult, 1678 |
Murillo pintó
20 Inmaculadas, si es que no se me quedó alguna otra por el camino. ¿Cómo se
pueden pintar 20 cuadros de lo mismo? Tampoco es que se pueda variar mucho: en
cuestiones de iconografía religiosa no hay margen para la imaginación. ¿No se
habrá cansado de pintar siempre lo mismo? Probablemente.
Murillo, Inmaculada Concepción (La Colosal, 1650) |
Sin embargo, si las pintó era porque había un mercado que las pedía y se las pedía a él, por alguna razón muy poderosa. Además, muy probablemente, para él era una manera de rezar a la Virgen, ya que cuando enviudó se hizo cofrade de la Hermandad de la Sta. Caridad. Murillo se convirtió en el pintor de las Inmaculadas. Y pareciera como que no hubiese pintado otra cosa (y no es así) porque se han reproducido hasta el hartazgo. Por algo será, ¿no?
Ribera, Inmaculada Concepción, sg. XVII |
¿Cuál es secreto de todas estas pinturas? No te las voy a traer todas; puedes encontrarlas fácilmente por ahí. ¿Cuál es el mérito de Murillo al pintarlas?
Crivelli, Inmaculada Concepción, 1490 |
Murillo no
inventó el tema. La devoción por la Inmaculada Concepción tenía que ver con
la fe popular, que venía de muy lejos, desde el sg. XIV. Principalmente, en
España, aunque también hay testimonios en Italia y donde hubiera frailes
franciscanos. Se la relaciona con la mujer que se cita en el Libro del
Apocalipsis: vestida de sol, con corona de 12 estrellas, que pisa a una media
luna, a la serpiente o a un dragón, en alusión al demonio o al Islam.
Bayeu, Inmaculada Concepción, 1758 |
En Sevilla esta devoción era muy fuerte y el 8 de diciembre fue el día que se eligió para celebrar en todo el Imperio Español la fiesta en su honor. Hay ejemplos de pinturas de la Inmaculada en toda España, pero Sevilla fue el centro, sin duda.
Pacheco, Inmaculada Concepción, 1621 |
El que fijó los atributos de la Virgen como Inmaculada Concepción fue Francisco Pacheco, sevillano él (sí, el suegro y maestro de Velázquez): la luna, la corona de estrellas, el manto azul y el vestido blanco. Esto, según la visión que había tenido una dama portuguesa, Beatriz da Silva. ¿Había habido otros ejemplos anteriores en Pintura? Sí, pero fíjate qué diferentes son.
Velázquez, La Inmaculada Concepción, 1619 |
Por supuesto, Velázquez también tiene la suya.
Cano, La Inmaculada Concepción, 1648 |
Y Alonso Cano, Ribera, Sánchez Cotán… (el de las naturalezas muertas: cuando se ordenó como fraile cartujo se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa. Lo vimos aquí.)
Sánchez Cotán, Inmaculada Concepción, sg.XVII |
Pero, ¿cómo llega a ser Murillo tan requerido para este tipo de pinturas? Bueno, Velázquez se había ido a Madrid; Zurbarán también se había ido a Madrid a probar fortuna. Murillo lo intentó en 1658: estuvo 2 años en la Corte, aprovechó para copiar cuadros de la colección real y volvió a su ciudad. Y la decisión no estuvo nada mal: era el único pintor en Sevilla que podía cubrir los encargos de los conventos y cofradías.
Escuela cuzqueña, Inmaculada, sg. XVII |
Las Inmaculadas de Murillo son de una dulzura increíble. Sus rostros no están idealizados, podrían ser los de una sevillana con la que te hubieses encontrado por ahí. Esta manera más cercana de representar a la Virgen hizo que sus cuadros fueran queridos y aceptados de una manera muy especial, con cariño. Y de un encargo vino otro y otro. Sus obras eran famosísimas, hasta tal punto que Carlos III prohibió que se vendieran fuera de España. Sin embargo, se copiaron una y otra vez y estas copias se enviaban a Hispanoamérica, para las iglesias que se estaban construyendo. Más tarde, muchas de sus obras fueron vendidas a otros países en la desamortización de Mendizábal (1836) o fueron saqueadas por las tropas napoleónicas (1810).
El Greco, Inmaculada Concepción, 1580 |
Murillo toma las indicaciones de Pacheco, pero lleva los atributos de la Inmaculada a otra dimensión: la une a la figura de la Asunción, la Virgen que es llevada al Cielo. Y por eso son tan fáciles de confundir unas con otras.
Tiepolo, Inmaculada Concepción, 1767 |
¿Cuál es la mejor? Difícil decisión. Para mí, la de los Venerables, o también llamada del Mariscal Soult (a este señor te lo presenté aquí). Mientras se atiene a la tradición en cuanto a la representación de la Virgen, compone el cuadro sobre una diagonal y rodeada por angelitos dispuestos en espiral ascendente. Es puro movimiento. Fue un encargo de Justino de Neve, el canónigo de la Catedral de Sevilla. Éste dona el cuadro al Hospital de los Venerables. Durante la invasión napoleónica, el mariscal Soult, que era fanático de Murillo, la roba del Hospital y la cuelga en su casa de París. Cuando muere en 1852, se ofrece en subasta y el Louvre la compra pagando un dineral. En 1941, gracias a un acuerdo con Petain, vuelve al Museo del Prado, donde la puedes admirar aún hoy.
Murillo, Inmaculada de El Escorial, 1665 |
Algunos prefieren a la Inmaculada del Escorial, llamada así porque allí estuvo colgada. Otros, a la de la Virgen Niña: también, preciosa. O a la llamada Colosal: realmente gigantesca, 436 x 202 cm. Detalle fuera de lo común: la Virgen pisa no a una media luna, sino ¡a una luna enterita! Y fíjate en cómo representa ese manto al vuelo, ¡con unos pliegues perfectos!
Zurbarán, Inmaculada Concepción, 1630 |
Murillo perfeccionó la iconografía propuesta por Pacheco, pero no fue el único que representó a la Inmaculada. Zurbarán también pintó unas cuantas, que eran exportadas a América en importantes cantidades.
Madrazo y Kuntz, Inmaculada Concepción, 1856 |
Las Inmaculadas pintadas por artistas posteriores mostrarán versiones diferentes, aunque son variaciones de lo mismo. Fíjate p.ej. en la de Bayeu, en la de Mengs o en la de Tiepolo.
de Juanes, Inmaculada Concepción, 1535 |
Más allá del siglo XVIII tenemos una de Madrazo, con un espíritu totalmente diferente. Parece que a los artistas del sg. XX el tema no les era de mucho interés, aunque, la verdad, ya no había margen para decir mucho más: Murillo agotó todas las posibilidades.
Fuentes: Angulo Íñiguez, D. Su vida, su arte y su obra. Murillo. Madrid, Espasa
Calpe, 1981
Triadó Tur, J.R. Murillo. Madrid, Susaeta, s.f.
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