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jueves, 3 de septiembre de 2026

¿El dorado es un color?

 

Klimt, El beso, 1908


¡Vaya pregunta! Me la acaban de hacer por mail.

Me lo paso hablando de colores, es cierto. ¿El dorado es un color?

(También podríamos preguntarnos: ¿y el plateado?, ¿y el cobre? ¿y el bronce?)

Y ya que estoy, te lo explico a ti también.

Técnicamente el dorado no es un color. Pertenece a los pigmentos metálicos. Puedes comprarlos en tubos, si quieres. Incluso hay en formato de acuarela. No contienen verdadero oro, plata o cobre: son partículas de aluminio + un pigmento.

Un pigmento metálico es, en pocas palabras, un color con brillo. Es decir, que, además de tener un color propio, se le agrega el factor de reflejar la luz. Es color en el sentido de que lo percibimos de la misma manera que el resto de los objetos, como propiedad característica de un objeto, pero su parte reflectante no lo es.

del Rosso, El librero, 2005
colección privada, España

De hecho, cuando uno quiere simular superficies metálicas en pintura usando colores sólidos, lo más importante es reproducir cómo éstas reflejan la luz y los colores del entorno. Si tenemos que pintar oro, cobre o bronce, además hay que agregarle su tono característico a cada uno. En el caso de latón o plata, jugamos sólo con grises, blancos y negros, salvo que esté reflejando algún objeto de otro color.

Este cuadrito que te muestro aquí debajo es un ejercicio que hicimos en un taller. Fíjate la mancha roja del pimiento sobre la tetera...

del Rosso, Metales y pimientos, 2011
óleo sobre papel

(Te propongo un juego: busca algún objeto metálico que tengas en tu casa y acércale una fruta, un paño, algo que tenga mucho color. Seguro que nunca le prestaste atención a este cruce de luces y de colores, ¿no?)



Por lo demás, no sólo se puede trabajar con pintura metálica o simulando el brillo, sino que también se puede utilizar el metal directamente, como son el pan de oro y el pan de plata (lo vimos por aquí). A mí me encanta usar estos materiales, ¡son realmente adictivos!!! Empiezas y no paras. Es un brillo genuino: ninguna pintura de tubo te lo proporcionará.

Supongo que por eso nos fascinan los cuadros de Klimt.

Klimt, Retrato de Adéle Bloch-Bauer, 1907


Y a él le impactaron los mosaicos bizantinos: fueron su fuente de inspiración.

Duomo di Monreale, Sicilia, 1140, mosaico

Sin embargo, además de todas estas cuestiones técnicas, aunque el dorado y el plateado no son colores del espectro de la luz, lo son por su simbología con todo derecho.

Máscara de Tutankamón, sg XIC a.C.


En todas las culturas el oro siempre ha sido reservado a los reyes y a los dioses. No sólo por su brillo y precio, sino también por su durabilidad: se lo asocia con la eternidad, o sea, la divinidad. No por nada los iconos tienen fondo de pan de oro (lo vimos por aquí) o aparece constantemente en la pintura religiosa medieval.

Cimabue, Madonna en el trono
con ángeles, 1270

(¡Los aniversarios de bodas de oro!)

El brillo del oro real se percibe como una luz atemporal, no de este mundo. Quién sabe cómo se sentiría ver esas pinturas a la luz titilante de las velas.

Mosaicos de la Basílica de San Marco, Venecia

Obviamente, cómo no, está asociado al lujo y a la riqueza. ¿Cuántos retratos de reyes habremos visto vistiendo bordados de oro? Pero también es cierto que si se abusa de este material se puede caer en la ostentación, en la vanidad, en la vulgaridad. Como siempre, la mesura es la regla.

van Eyck, Virgen con el canónigo Van der Paele,
1434


El oro es símbolo del triunfo: el Balón de Oro, los premios Oscar, las medallas olímpicas…

¿Y el plateado? Va para los 2dos premios: es el segundón. La plata es femenina, asociada con la luna. Durante mucho tiempo en los banquetes y cenas formales se usaba vajilla y cubiertos de este material. Se lo vincula también con la tecnología y los avances en la conquista del espacio.

Icono Vladimir, sg. IX-XI


El dorado es energía; la plata, pasividad. El dorado es calor, energía; el plateado es frío invernal.

O sea, el dorado y el plateado, ¿son colores a medias?

Fuentes: Heller, E. Wie Farben auf Gefühl und Verstand wirken

München, Droemer V., 2000

St. Clair, K. The secret life of color. New York, Penguin, 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

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