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jueves, 28 de mayo de 2026

El juego de los espejos




 Manet, La Barra del Folies-Bergère

Éste es uno de los cuadros de Manet que más me gustan. ¿A ti?

Incluso lo copié cuando estudiaba. Muy, pero muy complicado: retrato, espejos, flores, un bodegón… Mi copia estuvo colgada durante mucho tiempo en un rincón oscuro de mi casa y nadie le prestaba atención. Y yo lo miraba al pasar, siempre pensando en que, bueno, no era una buena copia, pero que quizás merecía un lugar mejor.

Manet, Rosas y lilas en un jarrón, 1882


Hace tiempo que te lo quería traer. Es la última gran obra de Manet, que ya estaba muy enfermo. No es la última: al final de su vida, sólo pintaba ramos de flores, que Marie Bracquemond le llevaba para que se entretuviera y pudiera seguir trabajando.

Y dudaba mucho en presentártelo. No por la dificultad o por la planificación, sino porque se ha escrito tanto y tan bien, que difícilmente pueda yo aportar algo nuevo. (Te dejo debajo la cita del artículo de McCouat, por si quieres profundizar más y ver los gráficos explicativos; está disponible en internet.)

Lo voy a intentar.

De Manet hemos hablado muchísimo. Fue el líder intelectual del Impresionismo, aunque nunca fue impresionista. Su rol en la Historia de la Pintura fue abrir paso a sus colegas y hacer explotar desde dentro al Salón Oficial y a la pintura tradicional. Un total antisistema, eso sí, con galera y bastón. Su talento radicaba en usar las técnicas de siempre y basarse en la tradición, mezclar todo eso con una visión más contemporánea y reinventarlo todo.

Fantin-Latour, Manet, 1867


En el caso de la “Barra del Folies-Bergère”, la invención, la composición, el mensaje, están al nivel de sus otros grandes cuadros. Es un Manet maduro, que reúne en este cuadro todos esos recursos que había usado antes.

Pues empecemos.

Manet retrata a una camarera del teatro-cabaret Folies-Bergère, detrás de la barra, atendiendo a un caballero. Sobre el mesón, botellas, naranjas, flores. Detrás de ella un espejo que refleja lo que ella ve desde su puesto de trabajo. Pero a su vez en ese espejo se refleja el reflejo de otros que están enfrentados, abriéndonos todo el espacio que está delante del cuadro y dándonos pistas de lo que está sucediendo en el teatro.

Manet, Boceto para "La barra del Folies-Bergère",
1882

La camarera se llamaba Suzon. Manet la hizo posar en su taller. Él conocía de memoria el teatro, no necesitaba estar allí y en su estado de salud no podía pretender siquiera ir a pintar al lugar. Había hecho varios bocetos, con amigos y actrices posando en distintas actitudes; uno de ellos, en el bar. No fue un cuadro improvisado. Lo pensó una y otra vez.

Manet, Rincón de un café, 1878

Tampoco era la primera vez que pintaba la vida de la bohemia parisina y sus cafés.

Manet, En el café, 1878

La composición es bien tradicional y clásica: una figura central, casi como un tótem, insertada en un triángulo virtual. Sus manos se apoyan en el mesón. Su rostro nos llama la atención: ¿está triste, contrariada? ¿O es que está cansada por el largo día de trabajo?

Sin embargo, la composición no se queda en el triángulo. Tenemos varios planos: espectáculo (reflejado en el espejo, físicamente delante de la escena), barra, espejo. Y los marca en franjas horizontales: bodegón, marco del espejo, baranda del patio de butacas (en el espejo).

Vemos también esa lámpara de cristales espectacular y los apliques de luz; el bar había sido uno de los primeros en tener luz eléctrica.

Interior del Folies-Bergère (imagen: McCouat)

En el ángulo superior izquierdo del cuadro hay unas piernecitas colgando: la acróbata.

La acróbata y la lámpara colgante marcan vectores hacia abajo.

Interior del Folies-Bergère (Imagen: McCouat)

En la barra, enfatizando la simetría, tenemos dos grupos de botellas. Podemos reconocer la champaña, la cerveza inglesa (que todavía existe), el licor de menta… Un bodegón perfecto. Y un frutero con naranjas y un florero con rosas. Es un ambiente de lujo.

Y mira, las botellas del lado izquierdo se reflejan en el espejo. Parecen ser otras botellas, como si estuvieran detrás de Suzon, pero no. Se entrevé el marco dorado del espejo. Y, cómo no, de nuevo aparece el brazalete de oro de Mme. Manet (lo vimos por aquí), que el artista utiliza siempre para referirse a la prostitución.

Con el espejo comienzan los problemas. Uf, los espejos en Pintura siempre han dado que hablar.

Si te fijas, las botellas reflejadas del grupo de la izquierda no corresponden exactamente a cómo deberían verse según la perspectiva. Las botellas reales están cerca del borde interno de la barra; en el reflejo, aparecen contra la pared. El artista, que modifica la realidad.

Sigamos con lo que aparece en el espejo: el público viendo un espectáculo. La mujer de los guantes amarillos era una actriz conocida de Manet; más atrás, otro amigo. Vemos a los señores con sus sombreros de copa. A medida que nos vamos con la mirada hacia el fondo, las figuras se van difuminando. Lo mismo en el lado derecho del espejo.

En el cuadro están pasando muchas, pero muchas cosas.

(Imagen: McCouat)


Sin embargo, el gran dilema es el caballero de la derecha, reflejado en el espejo. Somos nosotros, los espectadores, que nos acercamos (¿indecentemente?) a la camarera. Ella nos interpela a nosotros y al caballero. Tiene la mirada triste y vacía. ¿Y por qué dilema? Porque, de nuevo, Manet hace lo que se le da la gana con la perspectiva.

Si este señor está frente a la chica, se vería en el espejo exactamente frente a ella y apenas se vería su rostro. Según los análisis con Rx, Manet fue modificando la posición del reflejo de la espalda de ella y del hombre, de tal manera que se viera armónico y equilibrado, que se entendiera lo que está pasando. Aunque tuviera que modificar las leyes de la Física.

Y aquí tenemos dos aproximaciones diferentes: 1) que el espejo no esté colocado de manera frontal, paralelo a la barra o que es un espejo curvo; 2) que Manet está pintando desde su sillón de enfermo, ubicado no de frente al motivo sino frente al costado derecho.

(Imagen: McCouat) Chêret, Cartel, 1875

En el bar real, el espejo estaba ubicado detrás de la chica, de manera paralela al mesón. Que esté pintando desde un ángulo, es probable y explicaría estas distorsiones de la realidad, aunque, de todas maneras, Suzon está pintada desde el frente.

Forain, La Barra del Folies-Bergère, 
1878, acuarela

Con lo cual tenemos a una protagonista vista de frente, pero el reflejo de su espalda está distorsionado, junto con la figura del personaje al que ella mira. Tenemos dos perspectivas diferentes en una misma escena.

Y eso es lo que hace grande a este cuadro. Cómo Manet modificó la realidad para mostrarnos todo lo que está pasando en el lugar, como si tuviésemos dos fotos en una: un retrato y una panorámica de un interior. Cómo la modificó para mostrarnos la relación entre los dos personajes.

También están las referencias a otras obras de la Pintura universal: el encaje del vestido de Suzon es un guiño a la pintura barroca holandesa; los espejos, a su tan querido Velázquez; la acróbata, ¿a su amigo Degas? La figura insertada en un triángulo, a las composiciones del Renacimiento.

Un cuadro en el que el bullicio y la alegría del local contrasta con la soledad y tristeza de la chica. Manet, en sus últimos días, celebra la vida, la diversión de París, pero, a la vez, nos hace pensar en cuánta soledad puede haber en medio de esa fiesta; en cómo la vida moderna puede mostrarnos una visión distorsionada de la realidad.

 

 

Fuentes: McCouat,Ph. “Reflections on a Masterpiece: Manet’s A Bar at the Folies- Bergère”, Journal of Art in Society, feb. 2024

Harris, Nathaniel. Manet. Bogotá, Parragón, 1998

Locke, N. Manet and the family romance. Princeton, Princeton Univ. Press, 2001

Puedes ver el vaciado de este cuadro por David Bokeh aquí

 

 

2 comentarios :

  1. Excelente análisis del cuadro Cristina! Nos transportas hasta él. ¿Dónde está expuesto?

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  2. Gracias, Tomás! Está expuesto en la Courtauld Gallery de Londres.

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