navigation + slideshow

jueves, 3 de noviembre de 2022

¡Ay, los niños!

 

Reynolds, Mrs. Bowles y su perro, 1775


Reynolds y Mrs. Bowles

Una de las cosas más difíciles es pintar un retrato de niños. ¡Es que no se quedan quietos! ¿Ponerlos a posar? O pintas rápidamente o buscas la manera de lograr tu objetivo como sea. Al menos los bebés no se mueven tanto… Realmente es una quimera y, la verdad, ¿a quién se le ocurre? ¿Para qué torturar al pobre infante con caprichos de adultos?

Morisot, Julie con su niñera, 
1880

Hoy no tiene mucho sentido:
nada mejor que teléfono, clic, listo, y tienes una imagen espontánea, inmediata y que conforman a todos. Varias veces me enfrenté a esta situación: señora abuela que quiere un retrato de su nietecita. “¿Tú no haces retratos de niños, no?” Indirecta bien directa. Pues no.










Velázquez, El infante Felipe
Próspero, 1659

Ha habido grandes artistas que han sabido lidiar con estos requerimientos.
Velázquez fue un genio pintando niños, pero claro, eran parte de la familia real, encorsetados y acostumbrados a la etiqueta de palacio. ¿O no? ¿Felipe Próspero se quedaría quietecito o jugaría con su perro, mientras tanto?









Sorolla, el mejor, sin duda. Capaz de dar 3 ó 4 pinceladas por aquí y por allá y tener bocetado el ir y venir de estos chicos. Sorolla no hacía posar más de media hora a nadie, pues el pintor se cansa y el retratado también. Muy cierto. No puedes tener a alguien en una posición o gesto forzado; por más que lo intente, los músculos se van tensionando, el gesto ya no es natural y la vista del artista también se fatiga. Y en cuanto a los niños, es cierto que hay fotos suyas pintándolos en pose, pero la gran mayoría de las veces los dejaba jugar y moverse a su antojo… y él se las arreglaba. Y también tenía que lidiar con las travesuras de ellos: le tiraban arena, lo molestaban… y él se enojaba mucho, porque lo desconcentraban. Sin embargo, ¡qué maravillosos cuadros nos ha dejado! Espontáneos, captando la esencia de la infancia…

Sorolla, Saltando a la comba, La Granja, 1907


Cassatt, Niños jugando en la
playa, 1884

Tampoco nos tenemos que olvidar
de esos niños tan dulces de Mary Cassatt, en su entorno familiar, o los de Berthe Morisot











Bouguereau, Las ciruelas,
1896

(¿Y Bouguereau?)

El cuadro que te traigo hoy se llama “Mrs. Bowles con su perro”, de Sir Joshua Reynolds. Hemos hablado muy poco por aquí de este artista.









Kauffmann, Sir Joshua Reynolds,
1767

Fue un gran retratista inglés
(1723-1792), realista, fundador de la Royal Academy. Consciente de las falencias de la pintura inglesa (no había casi pintores ingleses: se recurría a artistas franceses o italianos), quiso impulsarla desde su puesto de batalla. Pintó casi 3000 cuadros (bueno, tú sabes, tenía ayudantes que le adelantaban bastante el trabajo) y fue el que definió el llamado “retrato inglés”: debía trasmitir elegancia y valores e ideas que elevaran el alma del espectador; había que emular a los grandes artistas del pasado. Quizás hoy sus obras nos parezcan relamidas, sin vida, sin garra, diríamos. ¿Qué opinas tú?


Fue un gran pintor de niños. Este cuadro que te muestro hoy tiene una historia para ser contada y tiene que ver en cómo logró que Mrs. Janes Bowles se quedara quieta. ¿Has visto que la mayoría de pequeños retratados aparecen con su mascota? ¿Será que actúan como agente disuasorio o tranquilizante?

Reynolds, Niña con su perro, s.f.

Su papá, Mr. Bowles,
en 1775 le encargó a Reynolds que hiciera un retrato de su hija. No estaba muy convencido, ya que la niña sólo tenía 4 años, así que invitó a cenar al artista, para ver si congeniaban y si era posible hacerla posar.

A los postres la sentaron a su lado. El artista le contaba cuentos y en un momento, la hizo mirar hacia otro lado y le escondió el plato. Hizo como que lo buscaba y lo hizo aparecer sin que ella se diera cuenta de nada. La niña quedó fascinada con este señor y fue muy contenta al día siguiente, con su perro, al taller del artista. Reynolds captó su mirada, fijó para siempre esas mejillas sonrosadas, y nos dejó su imagen, abrazada a su spaniel, a quien casi como que lo está estrangulando!!! Pobre perro, las cosas que hay que hacer para que te pinten…




Reynolds, La edad de la inocencia,
1788

Mr. Bowles conservó el cuadro toda su vida.
En 1850 la familia lo puso a la venta y pasó a la colección privada del marqués de Hertford. Lo heredó su hijo, Sir Wallace, y más tarde su viuda lo donó a Inglaterra, junto con el resto de la colección familiar. Desde entonces, se encuentra en la Colección Wallace.









¡Es que los niños no se quedan quietos!!!!

 

Fuentes:  Craske, M. Art in Europe 1700-1830. Oxford, Oxford University Press, 1997

Gombrich, E.H. Historia del arte. Londres, Phaidon, 2003

Keller, H. Die Kunst des 18.Jahrhunderts. Berlin, Propyläen V., 1990

Web Wallace Collection


No hay comentarios :

Publicar un comentario