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jueves, 29 de septiembre de 2022

El grito robado

 

Munch, El grito, 1893


Supongo que “El grito” de Munch es el ícono indiscutible de nuestro tiempo. No lo he pensado demasiado; no sé si habrá alguna otra obra que le dispute ese honor, creo que no. Hasta ha sido de inspiración para un emoticono.

Sin embargo, es de 1893. ¿Por qué sigue siendo tan actual? ¿Fue un visionario? ¿O es que en el fondo no hemos cambiado demasiado desde entonces?

Munch, El grito, 1910

Munch
la pintó sobre cartón,
con temple y óleo y está en la Galería Nacional de Oslo. El mismo año pintó otra en pastel, que se encuentra en el Museo Munch de la misma ciudad. Hizo una 3ra versión en pastel en 1895 y que pertenece a una colección privada. Y existe una 4ta, también en el Museo Munch, al temple, de 1910, que, al parecer, pintó para tener una copia para sí mismo. También hizo una litografía de la cual hay aproximadamente 30 copias.

“El grito” es el primer ejemplo expresionista, sin haber sido inventado el Expresionismo todavía (te lo expliqué por aquí). Es la muestra perfecta de hasta qué punto el arte puede servir para exteriorizar el alma del que pinta.




Munch, Ansiedad, 1894

Él mismo lo cuenta en su diario el 22 de enero de 1892.
Caminaba por el sendero junto a los fiordos con 2 amigos. De repente, el cielo se puso rojo sangre y sintió que sangre y fuego amenazaban el azul oscuro del paisaje y de la ciudad. Sus amigos no se percataron de nada; él se quedó quieto, junto a la valla, temblando. Sintió que la naturaleza gritaba con él.

¿Quién es el que grita? ¿Por qué? Esa figura, casi como un alien, se consume en su desesperación y la naturaleza la acompaña. Todo el entorno chilla de dolor y se disuelve con ella; Munch la representa con colores profundos y con líneas sinuosas. La perspectiva forzada de la baranda del camino provoca la sensación de ofrecernos una vía de escape, hacia dónde, quién sabe: la opción no parece ser muy segura, pues tenemos a esas 2 figuras negras en el fondo…



Munch, Desesperación,
1892

No llegó a esta idea así como así.
En 1892 pintó “Desesperación”, también en varias versiones. Había algo que quería decir y no encontraba el cómo. Y, de hecho, en la primera versión de 1893, lo intentó con óleo, no le gustó, dio vuelta el cartón y volvió a pintar este motivo en el reverso, que ahora pasó a ser el anverso y el cuadro definitivo. En una de las franjas rojas, arriba a la izquierda, escribió: “Sólo pudo ser pintada por un loco”. No se sabe por qué escribió esto ni cuándo.







Munch, El grito, 1895, pastel

Las 4 versiones son pinturas muy frágiles:
pastel, cartón, óleo… Requieren de mucho cuidado, condiciones de luz y humedad determinadas.

La vida de Munch estuvo signada por las pérdidas de seres queridos y la enfermedad. Sus miedos y angustias las plasmó en la pintura, casi como terapia. No le iba mal. Era un artista respetado.







Él mismo dijo que este grito mudo era parte de una serie sobre el amor y que esta obra debía significar el dolor de la ruptura. Sin embargo, pasó a ser el símbolo de la angustia de los tiempos modernos. Y esto lo trasladamos a la personalidad del artista, que sí fue un hombre con muchas fobias y ansiedades, pero que también podía pintar paisajes como éste.

Munch, Claro de luna, 1895


En fin, “El grito” es como “La Gioconda” o “Los Girasoles”, que forman parte inevitable de nuestra cultura y que todo el mundo conoce, aunque no todos sepan quién fue su autor.

Y, como “La Gioconda” (te lo conté por aquí), parte de su fama se le debe a unos robos bastante espectaculares.

Munch, Autorretrato, 1943

12 de febrero de 1994.
Inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Oslo. Todos los efectivos policiales han sido derivados a esta inauguración. P
ål Enger y un compinche saltan la valla de la Galería Nacional de Oslo. Enger coloca una escalera contra una ventana, rompe el vidrio, entra en la sala donde estaba “El Grito” y se lo llevan, así como así, y todo en menos de un minuto. Les dio tiempo para dejar una postal con la inscripción: “Gracias por la poca seguridad”. La alarma saltó a las 6.30 y nadie la oyó. Quedó todo filmado. A la luz del día unos policías de ronda descubren la escalera.







Enger había sido jugador de fútbol con ganas de un sobresueldo. Ya tenía experiencia en robos de arte, pues se había llevado como quien no quiere la cosa el “Amor y dolor” de Munch, del Museo de ese mismo nombre, en 1988.

En mayo del mismo año el gobierno recibió un pedido de rescate por 450000 dólares. Se negaron a pagarlo. Y casi enseguida lo descubren en una habitación de hotel y es apresado.

Munch, Autorretrato, 1926

Fue condenado a 6 años de prisión en 1996.
Confesó más tarde que había preparado el robo durante 4 años y que lo hizo por el reto y para divertirse, no por el dinero. Lo había escondido entre las tablas de la mesa de su casa, donde comía con su familia, y, en su interior, se reía de los pobres policías que se ufanaban en encontrar el cuadro. Quedó libre sin terminar de cumplir con su condena, pues los agentes encubiertos ingleses que colaboraron en la pesquisa habían entrado a Noruega con pasaportes falsos. Ahora se dedica a pintar sus propias obras.

Pero la cosa no quedó ahí.





22 de agosto de 2004: 4 encapuchados entran a plena luz del día al Museo Munch. Van armados, obligan a tirarse al suelo a los visitantes del museo y en 2 minutos se llevan “El Grito” (versión de 1910) y “La Madonna” de Munch. (La policía llegó un minuto después.)

Munch, El grito, 1893, 
litografía

Fueron arrestados varios sospechosos,
pero las pinturas no aparecían y se temía que las hubieran destruido. El gobierno ofreció una recompensa de más de 300000 dólares en 2005 para quien diera alguna pista sobre ellas. Por el soplo de uno de los ladrones, desesperado por la imposibilidad de vender su botín, en 2006 apresan a Björn Hoen, Petter Tharaldsen y Sitans Skjöld y a otros 4 sospechosos más, que eran bastante conocidos por la policía: son condenados a 10 años de prisión más el pago de una indemnización. En la operación intervino un agente de Scotland Yard, que se hizo pasar como comisionado del Getty Museum, con la excusa de que querían el cuadro para exponerlo.






Las obras no tuvieron buena suerte esta vez: la humedad y la mala manipulación las dañaron; el Museo optó por no restaurarlas.

En estos 2 casos hubo suerte y “El Grito” pudo volver a sus casas.

 

Fuentes: Charney, N. The museum of Lost Art. London, Phaidon, 2018

web del Museo Munch


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