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jueves, 29 de agosto de 2019

Atracción inesperada


del Rosso, Jardín en Heidelberg, 2014

Sí, sí, las ideas nos vienen en los momentos menos inesperados. Pero a veces no son ideas en sí, sino imágenes que se nos presentan así, sin más. Como si nos dijeran: “¡Hola, aquí estoy para que me pintes!” Y te atrae, una atracción instantánea e inesperada. 

Puede ser cualquier cosa: una escena, un grupo de personas, un gesto, una flor, un jardín, una ola o una nube. ¿A ti qué te dice una nube? Quizás nada, la miras y punto. Nosotros vamos buscando poesía, belleza para pintar, para trasmitírtela. Queremos capturar ese instante que se está yendo con pinceles y colores, fijarlos en el lienzo para ti, para compartirlos contigo.

del Rosso, Viaje en tren, 2012
Mira este cuadro. Estaba sentada en el tren, había parado en la estación. No recuerdo cuál era. Vi esta escena. No pude ponerme a dibujarla: la conversación del grupo con quien viajaba estaba muy animada y requerían mi atención con preguntas y no sé qué cuántas cosas más. El tren estaba a punto de partir; no, no, tengo que sacarle una foto antes. Me llamó la atención ese color rojo brillante, el sol le daba de lleno. Había amarillos en el fondo, el cielo azul, el reloj en primer plano… color y más color. Saqué la foto, el tren partió. No pude mirarla hasta que llegamos a destino. Los otros seguían hablando y no quise ser descortés. Cuando la pude ver, descubrí al maquinista. En la prisa por sacar la foto no había reparado en él. La perspectiva de todo el cuadro depende del punto de vista desde mi asiento. Puede parecer raro, pero la idea es que tú te sientas que estás en ese tren, así como estuve yo.







Miradas fugaces como ésta, que captan motivos para pintar, tuve muchas. Por ejemplo, estar sentada en un banco, en un jardín, darme vuelta para contemplar las plantas que están a mis espaldas y ver algo magnífico, digno de ser pintado. Me pasó en el parque de nuestro vecindario una vez y volví con mis materiales para trabajar del natural. 

del Rosso, Nuestro rincón del jardín, 2004

Luego, en Heidelberg: estábamos paseando, habíamos caminado mucho por sus calles, y nos sentamos a descansar un rato. ¿A ver qué hay detrás? Y encontrarme con un macizo de flores impresionantes.

O volver de hacer alguna compra y encontrarme en la hierba todas estas amapolas. Les saqué fotos, hice un boceto rápido en el teléfono, porque no tenía papel y lápiz encima, y al día siguiente (con miedo de que ya se hubiesen secado) volví con mis materiales.


del Rosso, Amapolas, 2014

del Rosso, En un día de sol, 2007
Otra vez me pasó, al doblar una esquina, encontrarme con este jardín al pleno sol. Me daba el sol de frente, no podía entrever muy bien de qué flores se trataban. La foto no salió muy bien, pero pude hacer un boceto. No tenía mucho tiempo, debía volver a casa rápido. Volví al día siguiente, ya con mis pinceles. No era la misma hora, pero recordaba perfectamente las condiciones de luz del día anterior. Y aquí lo tienes.















del Rosso, Geranios, 2015
Esta vez el encuentro con los geranios no fue del todo instantáneo. Había ido con mis alumnos a pintar a una bodega, un lugar espectacular, en la que, además, teníamos la ventaja de tener varios motivos para elegir y que no nos iba a molestar nadie durante la clase. Al terminar, fuimos recogiendo los materiales y los caballetes, metimos todo en los coches y, al acercarme a la casa, vi sus hermosos geranios y el paisaje reflejándose en la ventana. No fue fácil pintarlo, tuve que cambiar un poco las proporciones. Apenas si pude hacer un boceto en color en el lugar, lo terminé en el taller.
 












del Rosso, Casa Sorolla, 2013
En el Museo Sorolla no se puede decir que la mirada haya sido fugaz. Los jardines de ese museo atraen a cualquiera que pase por allí. Es un remanso de paz en medio de la ciudad. Me gusta recorrerlos pensando en el cariño que habrá puesto al plantar esto o lo otro… O descubrir el criterio de su paisajismo, las fuentes, las estatuas… Pregunté si podía ir con mi caballete a pintar allí mismo esta escena. Me dijeron que no. Así que me quedó sacar foto, lápices de colores para fijar color y relaciones de luz, pero, principalmente, observar mucho. Entender el movimiento del agua y cómo se expanden hacia el entorno sus brillos y transparencias. No es fácil, pero una vez que lo entiendes con ojos y cerebro, la mano sigue sus órdenes.








del Rosso, Jardín privado, 2014
Y éste también fue resultado de instantáneas, pero muchas, en distintos momentos. Son flores que no aparecen todas al mismo tiempo. Armé la composición, ideé un fondo oscuro, como en los bodegones de flores del Barroco holandés, y más que nada para que resalten los colores… y esperé a que cada una comenzara a brotar. Fui añadiendo de a poco a cada una, con su sitio ya previamente asignado. Quedé muy conforme con el resultado, es un cuadro que gusta mucho. ¿A ti?










Bueno, ya se están terminando las vacaciones, al menos, en esta parte del planeta. Espero que esta serie de artículos te hayan gustado. La semana que viene volvemos a nuestras historias de la Historia de la Pintura.

Si pinchas en las imágenes podrás ver estos cuadros con mayor detalle en mi web.



2 comentarios :

  1. Excelente, la atracción inesperada ofrece su imagen para una pintura y una poesía

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  2. Sí, sí... ¡Lo habrás experimentado muchas veces! Es la revelación de las "cosas".

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