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| Miguel Ángel, Fragmento de "La Creación de Adán", 1512 |
Miguel Ángel. Qué más se puede
decir de él.
Escultor, arquitecto, poeta,
pintor… Más escultor que pintor, es por eso que no hemos hablado mucho por aquí
sobre él. Pero con la Capilla Sixtina basta y sobra, ¿no?
Detestaba la pintura. El era más de cincel. Allá por 1505 el Papa Julio II le había encargado las esculturas para su tumba. Andaba en esos quehaceres cuando al mismo Papa se le ocurrió que la Capilla Sixtina necesitaba una reforma, una actualización, diríamos hoy.
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| Rafael, Retrato de Julio II, 1511 |
Cuentan que Bramante convenció al Papa de que no correspondía que encargara su propia tumba, estando todavía en este mundo. En realidad, Bramante estaba tratando de sacar del medio a Miguel Ángel, un personaje a quien nadie quería enfrentar, ni siquiera el Papa, por su carácter, además de ser un rival potentísimo en todos los ámbitos. El Papa pensó en que, bueno, dejemos la tumba y que le dé un lavado de cara a la Capilla Sixtina. Sus rivales, sabiendo que su fuerte era la escultura y no la pintura, pensaron en que no lo lograría y que así su fama quedaría dañada. (No subestimes a Miguel Ángel.)
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| Miguel Ángel, La creación de Adán, 1510, fresco |
El cielorraso de la bóveda de la Capilla estaba pintado de azul con estrellas doradas. En las paredes laterales estaban los frescos de Perugino, Ghirlandaio, Rosselli y Botticelli, que siguen en su lugar hasta hoy. Debajo de esos frescos, un trampantojo de cortinas, que se cubrían en ocasiones especiales con tapices diseñados por Rafael. En el altar había otros frescos de Perugino, con imágenes de la vida de Moisés, de Cristo y de la Virgen.
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| Miguel Ángel, Bóveda de la Capilla Sixtina, 1508-1512 |
Julio II le pidió que decorara la
bóveda y le dio total libertad. Tal era la confianza que le tenía. Tampoco era
cuestión de contradecir al artista, que era capaz de sacar a los gritos hasta
al mismo Papa. El contrato fue firmado en 1508 y la terminó en 1512, cuatro
años después, 548 m² al fresco: una técnica super complicada. Cuatro años con el yeso cayéndole encima, subido a un andamio. Dice
Vasari que una vez se cayó del andamio y no le pasó nada. Comenzó la obra con
ayudantes, pero enseguida el trabajo se le llenó de sales del agua de Roma, con
la que él nunca había trabajado, y echó a todos. O sea: Miguel Ángel, solo,
luchando con el fresco, creando su gran obra maestra. Nadie podía entrar a ver,
ni siquiera el Papa. Cuentan que Rafael, que estaba pintando las “Stanze” ahí
al lado, consiguió la llave y se escabulló una noche para espiar… En fin, un
poco para que lo dejen tranquilo, para poder controlar cada milímetro del
trabajo, para que nadie lo sabotee y, por supuesto, como estrategia de
marketing.
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| Miguel Ángel, La creación de Eva, 1510, fresco |
Cuenta Vasari en su Vida
de Miguel Ángel (el único vivo de toda la serie) que el artista, después de que
el Papa hubiese querido entrar de todos modos a ver su obra, empezó a
desconfiar de todos, especialmente de los obreros o ayudantes. Temía que
alguien les diera una buena propina a cambio de poder entrar. Así que los puso
a prueba: tuvieron que prometerle que no le abrirían a nadie; les dijo que se
iría fuera de Roma por unos días y les dejó la llave. En realidad, se quedó
encerrado trabajando, mientras los otros iban con el cuento al Papa que Miguel
Ángel no estaba y que podía entrar si quisiera. El Papa no pudo vencer a su
curiosidad y asomó la cabeza; Miguel Ángel le empezó a tirar tablas desde lo
alto del andamio y el Papa tuvo que huir. Claro, el artista se dio cuenta de
los problemas que podía traerle su ataque de cólera y huyó, dejándole la llave
a Bramante. Todos trataban de convencerlo de que volviera y de que terminara la
Capilla. El Papa lo perdonó y lo bendijo.
En fin, estos detalles son muy
conocidos y los puedes encontrar por ahí. Sin embargo, mientras pensaba en cómo
encarar este artículo y no caer en la eterna repetición de lo mismo, fui a
buscar el libro de las Cartas de Miguel Ángel y me enfrenté de nuevo con el
artista impetuoso hablando sobre lo que está haciendo.
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| Miguel Ángel, Boceto para la Sibilia Libia, 1508 |
Por ejemplo, en 1508, cuando ya
se disponía a ejecutar la pintura (había estado dibujando bocetos y más bocetos
durante un año) mandó una carta a Fray Jacopo, en Florencia, para pedirle
colores, especialmente de azul. Tú sabes, el azul ultramar era (y es) muy
preciado y caro (lo vimos por aquí). Los monjes del convento de San Giusto alle
Mura de Florencia eran especialistas en pigmentos y Buonarroti necesita mucha
cantidad de colores.
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| Miguel Ángel, El Diluvio universal, 1510, fresco |
Un año después, cuando su padre
le comenta los problemas financieros de la familia (él mantenía a todos), se
queja de que el Papa no le ha pagado nada todavía:
“y no se lo pido, porque mi
trabajo no va adelante del modo que me parece debería. Y ésta es la dificultad
del trabajo y el no ser mi verdadera profesión.”
Menos mal que no era su
profesión, ¿no? Sin embargo, con sólo esta frase nos da a entender todas las
dudas e inconvenientes que tuvo que enfrentar por ser una técnica que no
conocía.
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| Miguel Ángel, El sacrificio de Noé, 1512, fresco |
Encima, unos meses después se
corrió el rumor de que había muerto y tuvo que avisarle a su padre que todo era
una mentira inventada por sus rivales. (¡Fake news del Renacimiento!) A
los pocos días, otra carta, esta vez recriminando a su hermano: que todo lo que
tiene lo tiene porque él se lo da, que no tiene derecho de amenazar a su padre,
que si eres una bestia como una bestia te trataré y te encontraré allí donde
vayas. Firma y sigue:
“Todavía algo más: y esto es que
desde hace doce años estoy viviendo miserablemente por toda Italia, soportando
todas las degradaciones, sufriendo todas las penurias, lacerando mi cuerpo con
mi trabajo, poniendo la vida en mil peligros, sólo para ayudar a mi casa. Y
ahora que he conseguido comenzar a restaurarla un poco, tú quieres ser quien
desbarajuste y arruine en una hora todo lo que yo he conseguido durante tantos
años de trabajo, ¡por el cuerpo de Cristo, que no será verdad! Que yo puedo
despedazar a diez mil como tú si es necesario. (...)”
Vaya. No se andaba con chiquitas
este señor.
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| Miguel Ángel, La creación de los planetas y de los astros, 1512, fresco |
Las quejas siguen: que tiene
mucho trabajo y fatiga, que no tiene amigos y para qué los quiero, si ni
siquiera tengo tiempo para comer.
En 1510 ya había terminado los 6
primeros tramos. En 1512, con la obra casi terminada, le dice a uno de sus
hermanos:
“Antes del día de Todos los
Santos tendrá que estar terminado como sea, si no muero en el intento. Me
apresuro más de lo que puedo, porque me parece que llevo aquí más de mil años.”
El Papa todavía no le había
pagado y estaba esperando a entregar su trabajo para poder cobrar.
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| Miguel Ángel, David y Goliat, 1512, fresco |
Finalmente, cumplió con el plazo y la primera misa que se celebró allí fue la de Todos los Santos. En octubre le cuenta a su padre que ya terminó:
“He terminado la capilla que
pintaba: el Papa ha quedado muy satisfecho.”
Pero la historia no terminó allí.
El altar seguía siendo antiguo. En 1536, con 61 años y 24 años después de haber
pintado la bóveda, Miguel Ángel fue requerido por el Papa Paulo III para que
renueve el altar. ¡Nooo! ¿Otra vez?
Otro día te cuento sus quejas cuando estaba con el “Juicio Final”.
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| Miguel Ángel, La sibila de Cumas, 1510, fresco |
Nota:
Creo que nunca te expliqué cómo se pinta al fresco. Se prepara la pared con una imprimación y luego se va cubriendo por partes con mortero/yeso; la pintura se aplica mientras está húmedo. Hay que pintar muy rápido, antes de que se seque. Para eso, se arma un boceto precio en cuadrícula y se planifica qué parte se va a pintar cada día según ese modelo. Para que veas lo que fue capaz de hacer este hombre.
Fuentes: Miguel Ángel, Cartas (selección D.García López),
Madrid, Alianza, 2008
Vasari, G., Las vidas, Madrid, Tecnos, 2006












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