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jueves, 18 de junio de 2026

Los españoles invadieron el Louvre

Goya, Los desastres de la guerra, Así sucedió, 1820, grabado

 

El General Álava y el Louvre

Órdenes son órdenes y cuando el Patrimonio Cultural Nacional está en juego no hay mucho margen de duda.

Si te pregunto si sabes quién fue el Gral. Álava y cuál fue su mayor logro, seguramente me dirías que no lo conoces. Y no te culpo: es uno de esos personajes históricos que quedan relegados en alguna página, mientras prestamos atención a otros acontecimientos.

Salter, Miguel Ricardo de Álava, 1840


Hace algún tiempo te traje la historia del “Spanish Gift”, con Fernando VII y el duque de Wellington. El equipaje del rey José. (Lo vimos por aquí.) En esa oportunidad te conté qué había pasado con las obras de arte de las que José I Napoleón (y el mismo Napoleón y otros tantos mariscales, como, p.ej., Soult) se había apropiado en la invasión a España y en la Guerra por la Independencia. El asunto no terminó ahí.

Flaugier, José I, 1809


Y tuvo final feliz.

Cuando Napoleón cae, Fernando VII intentó recuperar las obras de arte robadas, las que aún estaban en Francia, por medios diplomáticos. Las naciones europeas se reunieron en el Congreso de Viena, en 1815, para lograr poner orden de nuevo en las fronteras. El embajador español, el marqués de Labrador, intentó allí llegar a un acuerdo, pero sus esfuerzos no sirvieron de nada.

López Portaña, Marqués de Labrador,
1833

El general Álava era un gran héroe que había peleado en Trafalgar, en Waterloo y en la batalla de Vitoria. Se había hecho muy amigo del duque de Wellington. Había sido destinado como embajador español en La Haya y apenas había asumido, cuando le encargaron una nueva misión: lograr que los cuadros expoliados vuelvan a España.

Lawrence, Duque de Wellington, 1820


Fue enviado a París, con el apoyo de Wellington, que le proporcionó sus tropas. Álava tuvo un encuentro con Luis XVIII. El rey se mostró indiferente y sólo contestó:

“Ni los doy ni me opongo”.

Frase célebre.

Gérard, Luis XVIII, 1814


Álava, con esta respuesta del rey, se sintió habilitado para tomar cartas en el asunto e informa a Fernando VII los detalles de la reunión.

Rafael, Sagrada Familia (La Perla),
1518

El día 23 de septiembre de 1815 el capitán Miniussir, ayudante de Álava, y una comitiva de 200 soldados ingleses armados, se presentaron en el Louvre. El director, Vivant Denon, se negó a entregar los cuadros, con la excusa de que en el acta de rendición no se estipulaba la devolución de obras de arte. Miniussir logró llevarse 12 cuadros. Informó a Álava acerca de lo sucedido.

Zurbarán, La adoración de los Magos,
1638

Al día siguiente, Álava, junto con los soldados ingleses, entró al Louvre y descolgó 284 cuadros y objetos, que habían sido sustraídos de palacios, conventos e iglesias españolas. Por supuesto, con la resistencia de los franceses, los empleados y el público.

Murillo, La fundación de Sta. Maria Maggiore
en Roma, El sueño del patricio Juan, 1665

Los cuadros fueron transportados desde París hasta Amberes y de allí por barco con una escolta inglesa hasta Cádiz, para evitar tener que cruzar Francia por tierra con ellos.

Llegaron en 1816 a Madrid y fueron depositados en un almacén de la Real Academia de San Fernando. El rey español reaccionó con indiferencia y no se hizo cargo del transporte de las obras; tuvo que pagarlo Wellington de su bolsillo. Muchas de las obras, después de tantas idas y vueltas, estaban en muy mal estado y fueron restauradas allí mismo, en la Academia.

Zurbarán, Apoteosis de Sto. Tomás
de Aquino, 1631

Estos fueron los únicos cuadros que pudieron ser recuperados, salvo 2 de Tiziano que fueron devueltos en 1817. El resto quedó en el Louvre o fueron vendidos posteriormente a otros museos o colecciones, o sea, lo que volvió fue una ínfima parte de lo que fue saqueado. Un caso especial fue la Inmaculada Concepción de los Venerables de Murillo, incautada por Soult, que fue devuelta en 1941 en un acuerdo bilateral.

Dawe, Miguel Ricardo de Álava, 1818


Álava fue nombrado miembro de honor de la Real Academia.

Murillo, Sta. Isabel de Hungría 
curando a los tiñosos, 1672


Era tal la cantidad de cuadros y la imposibilidad de mostrarlos en la Academia, que esto aceleró la decisión de abrir el Museo de Pinturas, o sea, el actual Museo del Prado, en 1819, un proyecto largamente deseado por la reina Isabel.

El arte de una nación es parte de su Historia, de su identidad. Robarlas o destruirlas es parte de una estrategia bélica; no es sólo ambición desmedida. Me llevo parte de tu alma, de tu esencia.

Zurbarán, La circuncisión, 1639


Y cada cuadro saqueado lleva en sí parte de esa historia.

 

Fuentes: Becerro de Bengoa, R. El general Álava. Madrid, Fernández, 1884

Hempel Lipschutz, I«El despojo de obras de arte en España durante la Guerra de la Independencia». En: Madrid, Arte Español. Revista de la Sociedad Española de Amigos del Arte, 1961.

Torres, J. “Plunder and the Musée Napoléon”. En: Insights for the thinking world. Oxford, Oxford University Press, 2010

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