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jueves, 30 de mayo de 2024

Falsificaciones consentidas

 

Dalí, Los 3 gloriosos enigmas de Gala, 1982


Dalí y Antoni Pitxot

Dalí, fotografiado por Allan Warren, 1972

Si te digo “Dalí”, seguro que te viene a la mente un señor con bigote estrambótico,
modelado con gomina hasta más no poder, ojos delirantes… Extravagante, ambiguo, contradictorio y un talento especial para la Pintura: todo eso era Dalí.

Fue labrando su fama poco a poco, a fuerza de delirios construidos muy racionalmente. Fue surrealista de la primera hora (te lo expliqué por aquí), pero muy pronto lo echaron del grupo por no ser comunista como el resto (y tampoco él hizo mucho esfuerzo por quedarse). Era un espíritu libre y esas cosas no iban con él.

Quiso acoplarse a la fama de Picasso. Éste lo ayudó tanto como pudo, pero parece que Dalí no fue lo suficientemente agradecido (o a Picasso no le alcanzó el agradecimiento mínimamente expresado). Dalí se hizo un hueco en la farándula y el ambiente artístico de Nueva York. Comprendió perfectamente que su ascenso como artista dependía de sus extravagancias publicadas en los medios.

Dalí, Dalí de espaldas pintando a Gala
de espaldas, 1972
En 1980, con 76 años, comenzó a tener problemas de salud importantes, probablemente por un intento de suicidio con pastillas. ¿Causa o consecuencia? Tenía temblores en las manos, con lo cual ya no podía pintar como antes. Diagnóstico: Parkinson. En 1982 su musa y amada Gala murió y el pintor perdió las ganas de vivir y, supuestamente, intentó matarse varias veces.








Dalí, Según la Cabeza de
Giuliano di Medici, 1982
Dalí ya no pintaba. Sin embargo, si buscas por ahí, hay obras suyas posteriores a esa fecha. Durante mucho tiempo firmó telas en blanco, como un acto artístico surrealista. También, con el deseo de inundar el mercado con su nombre: más fama, más ventas. Estrategia boomerang, pues los cuadros de esa época son mirados con lupa y puestos en duda.



Y entonces, aparece el nombre de otro personaje: Antoni Pitxot. ¿Quién era?





Era el sobrino de un artista catalán, Ramón Pitxot, muy relacionado con la familia de Dalí. Lo conoció cuando invitó a dicha familia a conocer su taller. Le ofreció a Antoni que fuera a trabajar allí. Iba 3 veces por semana, hasta que en 1966 se instaló a vivir con ellos. Dalí le promocionó su carrera y le pidió que lo ayudara con el proyecto de su casa-museo de Figueres. Al morir Dalí, Pitxot fue el albacea de sus bienes. De hecho, en el museo hay una sala dedicada a su obra.

Pitxot, La alegoría de la memoria, 1979


Como te decía antes, a Dalí poco le importaba la autoría o no de sus cuadros. Le daba igual firmar como suyo el cuadro de otro. Cuando el estado de su salud y su tristeza por la pérdida de Gala le impidieron seguir pintando, Pitxot lo hacía por él y Dalí firmaba los cuadros que pintaba Pitxot. Bueno, sí, en tiempos pasados era de lo más común que un ayudante pintara y el maestro firmara, como marca de fábrica-taller. (Lo vimos por aquí.) Es lo que pasa con Rembrandt, por ejemplo. ¿Tiene menos valor un cuadro hecho por un asistente, pero firmado por el maestro? Si el maestro lo autentica de esta manera, es porque el cuadro es bueno o porque considera que pertenece a su escuela. Sin embargo, de hecho, por más que el maestro firme el cuadro, si se sabe que lo hizo un alumno o asistente, inmediatamente baja de precio.

Dalí, Piedad, 1982


Dalí, Mercurio y Argos, 1981
Pero el caso aquí es un poco diferente. Los cuadros de esa época de Dalí hay que ponerlos entre paréntesis, porque es seguro que él no los pudo pintar. Si uno compara la obra de Pitxot posterior y los cuadros de Dalí, se puede ver perfectamente que la mano que está ahí es la de Pitxot, no la de Dalí.

Es otro estilo, “huele” distinto, aunque la temática siga siendo surrealista. 







Y aquí comienzan los problemas. Estos cuadros ¿son falsificaciones? Pitxot pinta y Dalí firma. Dalí no tocó el cuadro en ningún momento, salvo cuando puso su nombre. ¿Debería haber firmado Pitxot? Lógicamente, sí. Pero ése fue el acuerdo, quizás tácito, entre los dos. Dalí lo permitió y Pitxot, también. ¿Son cuadros de Pitxot o de Dalí? Ya sé lo que estás pensando: de Pitxot. Y la firma del maestro, ¿no sirve para nada?

Pitxot, El encuentro del tiempo, 2005
(Imagen: Galería Iturria9


Sí, en tanto legaliza y encumbra la obra de su alumno. Pero todos sabemos que él no lo pintó, que lo hizo otro. ¿Nos están engañando? ¿Cuál es la intención de esta maniobra?

Si fue por engaño, porque Dalí no quería asumir que no podía pintar más, no tuvo demasiado recorrido. Hasta el ojo menos experimentado se daría cuenta de que son “Dalí” muy raros. Incluso, pensando en un cambio de rumbo, de experimentación, sabemos que estaba muy enfermo y que no era posible.

Dalí, Según el Moisés de Miguel Ángel, 1982


¿Es otra acción de arte surrealista? Probablemente. Es una tentación muy grande querer permanecer en el arte a través de un sucesor, más allá de la enfermedad. Pero, lamentablemente, la Pintura en esto es muy traicionera: nunca dos artistas pintarán de manera exacta el mismo motivo. Técnicas, destrezas de la mano, el alma que la guía, son diferentes. Te lo digo yo, que lo veo día a día cuando doy clases de Pintura con el mismo modelo para todos. Dejar que Pitxot pinte por él es un intento muy burdo de eternizarse a través del alumno.



Pitxot tenía valor como artista por sí mismo. No necesitaba la firma de Dalí. Siguió vinculado a la Fundación, a la vida del maestro, e hizo una carrera propia sin ningún problema.

De nuevo. ¿Podemos decir que son falsificaciones? ¿Quién es el engañado, la víctima? Sin duda, el espectador. Aquí no hay artista ofendido, de quien algún otro saca provecho. Por lo que veo, aquí los dos ganan. Son falsificaciones mutuamente consentidas.

 

 

Fuentes: Charney, N. The art of forgery. London, Phaidon, 2015

De Diego, E. “Dalí, el marido de Gala”. En: Descubrir el Arte, Madrid, ArtDuomo, 2007, nº 102

Maddox, C. Salvador Dalí. Köln, Benedikt Taschen, 1992

Varios. Dalí: una exposición histórica. Descubrir el Arte. Madrid, ArtDuomo, 2013, nº 170

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