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jueves, 18 de junio de 2015

Hace mucho tiempo

Museo de Bellas Artes de São Paulo
(Imagen: Wikipedia)


Esto que te cuento pasó hace mucho tiempo.  Tuve que viajar con Teresa a una Feria de Arte en São Paulo. Ella exponía sus cerámicas y yo, mis óleos. Íbamos por sólo 3 días y fueron 3 días muy ajetreados. No podíamos irnos sin ver museos, aunque no teníamos tiempo para nada.


São Paulo es enorme, caótica, tránsito infernal… y hace mucho calor. En realidad, todo es enorme allí. Y a pesar de todo, pudimos ir a la Pinacoteca do Estado y, al día siguiente, nos escapamos al mediodía al Museo de Bellas Artes de la Av. Paulista. Teníamos sólo 1 hora y media. Imposible: la colección es fabulosa, no se puede verlo todo y menos, en tan poco tiempo. Nos separamos para poder ver lo que nos interesaba realmente a cada una.

Cézanne, Mme Cézanne
en rojo, 1890
No tuve que pensarlo mucho: directo a ver a Renoir, Manet, Cézanne, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Van Gogh, Monet, Constable, Matisse… Me quedé mirando un rato largo a las bailarinas de Degas, tratando de develar el secreto de sus óleos que parecen pasteles. Pero después me atrajo Cézanne, con su característica pincelada. Me fascinó Constable con su Catedral de Salisbury y Van Gogh con un cuadro sin terminar, donde se puede ver perfectamente su método al pintar. 





Botticelli, Virgen y Niño
con San Juan, 1490
(Wikipedia)


Me dio sentimiento de culpa y pasé a ver a Rafael y a Botticelli: no me llamaron la atención, quizás tenía demasiada prisa interna como para apreciarlos del todo. Tuve que ir a ver al maestro Velázquez, a Tiziano y a Tintoretto: de lo contrario, no me lo hubiese perdonado… Le di una recorrida rápida a Picasso, a Modigliani, a Turner y a Goya. No había tiempo para más: tenía que encontrarme con Teresa en la tienda del Museo.





Teresa me tuvo que esperar. Algo me llamó la atención, como un imán: un cuadro precioso de Chardin. Íntimo, pequeño, sin estridencias; cada pincelada era parte de un sentimiento profundo: un niño jugando con una peonza, el Retrato de Auguste Gabriel Godefroy. Sus libros, la pluma a un lado, como si el niño estuviese dejando para más tarde sus obligaciones escolares. Es curioso: ¿quién me iba a decir a mí que me iba a quedar contemplando un cuadro de la época de las pelucas y trenzas blancas? Sin embargo, me atrapó y hasta el día de hoy lo recuerdo de manera muy viva.
Chardin, Retrato de Auguste Gabriel Godefroy,
1741


Como habrás visto por la lista de autores que he mencionado, este Museo alberga una colección importantísima, quizás la de más calidad y más abarcadora de Sudamérica. Y eso que no he mencionado las obras precolombinas, el arte latinoamericano, de Asia o África…

Van Gogh, Paseo al
crepúsculo, 1889 (MASP)
Fue fundado en 1947, por iniciativa de Assis Chateaubriand, empresario dedicado a la prensa, y por eso el museo lleva su nombre actualmente. La base de la colección son compras que se efectuaron aprovechando la caída de precios a causa de la 2da Guerra Mundial. El crítico italiano Pietro María Bardi estuvo a cargo de las mismas y aportó su colección personal.  El edificio actual es de 1968 y es una maravilla arquitectónica. Si pasas por São Paulo, no te lo puedes perder.






Constable, La Catedral de
Salisbury, 1821
Me quedé con las ganas de saborear cada obra, recorrer las salas despacio… No pude volver todavía.  Quizás la vida me lleve a otros museos, a otros lugares, y tenga que conformarme con el recuerdo de esos 3 días en que tuvimos que desafiar al tránsito infernal y al calor para poder llegar a tiempo con todo.
De Teresa no supe más.




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