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jueves, 30 de abril de 2015

El comienzo y el fin: el blanco

Malevich, Cuadrado blanco sobre cuadrado blanco,
1918
El blanco no es un color: es la suma de todas las luces. Decimos en pintura que es un valor; sin embargo, lo percibimos como un color. De hecho, los pintores usamos mucho blanco: lo compramos en tubos grandes y no puede faltar en nuestra paleta. Lo usamos para mezclar con otros colores, para el toque final de luz, pero también como fondo neutro en nuestras telas.




No hay un blanco absolutamente puro: dado que refleja todas las ondas lumínicas, es muy inestable y cambiante. Esto influye también en su percepción psicológica.


Es contrapartida del negro: yin-yan, día-noche, luz-oscuridad, ángel-demonio, Blancanieves  y la bruja.
Por ser la luz de todas las luces se asocia al día y a lo divino. La diosa Juno o Isis aparecen siempre llevando este color; lo mismo Heracles o Apolo. A Cristo resucitado se lo representa vistiendo de blanco. La ropa de bautismo o de comunión es blanca y los sacerdotes lo llevan en las grandes fiestas litúrgicas. El Papa va de blanco y los reyes lo usan en el día de su coronación. También son blancas las ropas de los ángeles y la paloma que representa al Espíritu Santo.

Es símbolo de lo que comienza y de lo perfecto. No por nada en el ajedrez o en las damas se comienza con las piezas blancas. Sin embargo, también representa el final. A los muertos se los viste de este color en espera de la Resurrección. Y por eso a los fantasmas y a los espíritus los vestimos de blanco. En algunas culturas asiáticas es el color del luto: indica la disolución en el Universo de la individualidad del que despide a su ser querido, en espera de la reencarnación.
Modigliani, Lunia Czechowska
con blusa blanca, 1919
Representa lo limpio, lo estéril, la higiene: los que trabajan en el área de Salud o en manipulación de alimentos visten de blanco. Y yendo más allá, lo sin pecado, lo inocente: el Cordero de Dios, la Inmaculada Concepción, el vestido que la novia lleva en su boda. Y blanquear dinero no es más que limpiarlo de su procedencia delictiva.


Una camisa blanca es formal e indica estatus, profesionalidad. Mientras no hubo lavadoras y detergentes antimanchas, sólo las personas que no se ensuciaban en su trabajo o de cierto rango social podían mantener una camisa limpia todos los días. Los obreros o los campesinos llevaban gris, azul o marrón.









Johns, Bandera blanca, 1955
La bandera blanca se izaba en los hospitales en la Edad Media para señalar que no se había muerto nadie ese día. O en las cárceles, para indicar que ese día no había presos. Hoy señala una capitulación de guerra, una rendición sin condiciones.
Se asocia a lo liviano y al vacío. Por ejemplo: un cheque en blanco es un cheque sin rellenar. Lo llevamos en verano para combatir el calor. Por la nieve, por el hielo, nos recuerda al frío: por eso muchos productos congelados lo tienen en sus envoltorios. Y en cocina está asociado a muchos sabores: el arroz, el azúcar, la sal, la harina, el pan blanco, la leche…  Salvo la leche y la sal, estos alimentos no son blancos en la naturaleza, sino luego de un proceso de fabricación, o sea, artificial.
Y quien llevaba canas, era respetado por su experiencia de vida, por su sabiduría.

Monet, La carreta, Camino a Honfleur, 1867


Fuentes: Welsch, N.-Liebmann, C.Chr. Farben. München, Elsevier V., 2004;
Heller, E. Wie Farben auf Gefühl und Verstand wirken. München, Droemer V., 2000;
notas personales



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