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jueves, 26 de febrero de 2015

Naranja: el color que no existía

Botero, Naranjas, 2000

Bueno, sí: siempre existió en el espectro de la luz. Y en China e India desde siempre ha estado muy presente pues, tanto en el confucionismo como en el budismo, representa el grado último de la perfección. En China, por ser el resultado de la mezcla del amarillo y del rojo, une fuego y luz, sensualidad y espiritualidad, une cielo y tierra y por eso es el color de la vestimenta del emperador.


Meléndez, Bodegón con
melones y naranjas, hacia 1775
Pero en Occidente no existía como tal. O se lo consideraba rojo o un amarillo oscuro. No aparece en las obras de arte ni en los textiles. Pero un buen día los cruzados trajeron desde Arabia las naranjas, que son frutas originarias de China, y se comenzaron a cultivar en el Mediterráneo. Y a partir de entonces, el naranja apareció ante nuestros ojos.*










Y naranja hay por todas partes y no sólo en las naranjas: está en el sol poniente, en los árboles otoñales, en el hierro fundido, en la corteza de algunos quesos, en las zanahorias y en tantas otras frutas…
Es un color tremendamente vibrante y visible de lejos, por eso se utiliza en chalecos de seguridad, en las luces traseras de los coches, en botes salvavidas o para señalizar sustancias tóxicas, o sea, en toda señalización de peligro. Asociado a otros colores potencia las cualidades de éstos. El dúo azul-naranja (complementarios) es la pareja ideal: energía y serenidad.  
Delaunay, Ritmo: alegría
de vivir, 1930
Su lado positivo implica actividad, sociabilidad, juventud o diversión (p.ej.: ¡los payasos llevan pelucas naranjas!): en resumen, todo lo que tenga que ver con la alegría de vivir. Es el color de los individualistas, los originales, los extrovertidos o los rebeldes. La fruta es símbolo de fertilidad y por eso se pone su flor en los ramos de las novias.
Sus propiedades negativas aluden a poca seriedad, liviandad o impertinencia. Por eso no es recomendable para la publicidad o no se utiliza en artículos de lujo o coches.


Y también tiene que ver con la Casa Real de Holanda. Cuando Guillermo de Nassau (1533-1584) hereda el Principado de Orange, al sur de Francia, toma el nombre de Oranje y adopta este color en su escudo. Se vuelve entonces color distintivo de Holanda y de ahí que sus deportistas lo usen en las competiciones en las que representan a su país (a pesar de que no aparece en su bandera). Se lo vincula al protestantismo, en referencia a los holandeses que lucharon contra el dominio español. Cuando Guillermo III de Nassau se convierte en rey de Inglaterra, el naranja aparecerá en la bandera de Irlanda, como signo de rebelión contra el catolicismo.
Van Gogh, Naturaleza muerta con naranjas,
1888

¿Y la mandarina? Es una fruta que también proviene de China. El nombre se lo dieron los portugueses por asociación a la vestimenta de los funcionarios chinos, los mandarines.
Entonces, cada vez que abras una naranja, recuerda el largo camino que su color tuvo que emprender para que finalmente sea aceptado como tal…

Welsch, N.-Liebmann, C.Chr. Farben. München, Elsevier V., 2004;
Heller, E. Wie Farben auf Gefühl und Verstand wirken. München, Droemer V., 2000;
notas personales

* En cuanto a la introducción de las naranjas en Europa hay divergencias en la información. Parece ser que los romanos las conocieron en Persia y las cultivaron en el norte de África. Al desaparecer el Imperio se perdieron en las idas y vueltas de la Historia. A España las trajeron los árabes. En el sg. XI los cruzados (¿italianos o franceses?) trajeron las semillas y así comenzó su cultivo en el Mediterráneo.


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