Pequeño intercambio de opiniones
en mi casa.
Tú dirás: “¡Qué gente más densa
ésta! ¿Siempre hablando de estas cosas?”. Qué le vas a hacer, es lo que toca.
Viene alguien a casa, me preguntan en qué ando, conversamos, el tema deriva a
otra cosa y chau, ahí me ves explicando esto o lo otro.
Esta vez la conversación surgió
por un comentario acerca del Museo de Bellas Artes de Chile. Si alguna vez
andas por Santiago de Chile, tienes que visitarlo (te comenté algo por aquí).
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| Luchas por el arte, Museo Nacional de Bellas Artes, Chile, foto: emol |
Nuestro visitante recordó la exposición que se hizo allí, donde reorganizaron las obras, bajo el lema “Luchas por el arte”, (2022-2024). Presentaban los cuadros decimonónicos sin sus marcos, ésos con tanta presencia, tan dorados, y agrupados por conceptos y pegados uno al lado del otro. Y qué opino yo.
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| Luchas por el arte, Museo Nacional de Bellas Artes, imagen: La Tercera |
No quería meterme en el asunto de dicho Museo porque la exposición ésa yo no la vi, pero estaba al tanto porque hubo una polémica considerable en la prensa, que incluso provocó que mucha gente, que no había pisado el museo nunca, fuera a verla (aleluia, si ésa fue la intención, genial, aunque no creo).
¿Qué le contesté?
Que muchos de esos marcos no son
los originales de la obra en sí. Si fuesen los originales, no deberían serles
retirados, pues así se los concibió en la época y es coherente con la historia
de ese cuadro como objeto. Y si no son
de la época, no pasa nada con sacárselos. En realidad, muchas veces los marcos
que son posteriores, o de un estilo de enmarcación que no se usaba en ese
momento, producen confusión o dan una idea equivocada. Para los que no
entendemos de marquetería, con que sea dorado y con muchos recovecos, está
bien, nadie lo discute; sin embargo, no contribuye a la percepción real de la
obra.
| Sorolla, La familia Granzow, 1905, Museo de Bellas Artes de Valencia |
¿Y no podríamos ponerle un marco moderno a una obra antigua? ¿O uno antiguo a una moderna? Claro que sí. (te lo conté por aquí), pero no creo que eso se pueda hacer en un museo, pues uno espera rigurosidad histórica, no que quede bien con el sofá o la alfombra de mi salón. Salvo, claro, que ese marco no alineado estilísticamente tenga alguna fundamentación en la historia del cuadro, como, p.ej., que se lo hayan puesto sus anteriores dueños o el mismo artista.
| Rothko, Rojo claro y rojo oscuro, 1955, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires |
Y seguí: “No todos los cuadros necesitan marcos”.
Para qué lo dije. Las otras dos
personas que estaban escuchando la conversación saltaron con un “Cómo que no
necesitan marcos”.
Y me quiero quedar con esto.
Si te das una vuelta por alguna
galería, verás que la mayoría de los cuadros expuestos no llevan marco. ¿Cuál
es la razón? Primero, la pintura moderna, abstracta, pierde muchísimo si la
encajonas en un marco. Necesitan expandirse, no estar encerradas. Segundo, y
desde mi experiencia como pintora, si presentas tus cuadros en una exposición
con su marco, el cliente suele rechazarlo porque éste no va con su decoración.
No le interesa la presentación prolija; no quiere pagar el costo de ese marco
que tú le has puesto diligentemente, pues lo va a tirar a la basura. O lo
contrario: ah, no tiene marco, tengo que pagarlo yo de mi bolsillo, o me haces
un descuento o no te compro. Gran dilema.
| (Imagen: R.Ollaquindia) |
Claro que lo más lógico sería, cuando expones, presentarlos todos como corresponde, con su marco, como parte del proceso creativo. En una oportunidad opté por una solución mixta. Todos con marco, un listón blanco delgado, de tal manera que, si alguien no estaba conforme, podía agregarle otro, sin necesidad de sacárselo, como una “marialuisa”. En cambio, a una serie de 24 cuadros de pequeño formato, que iban juntos sobre un panel inmenso, los dejé sin marco, con los cantos pintados. Así se percibían como una unidad.
| (Imagen: R. Ollaquindia) |
Últimamente estoy exponiendo siempre sin marcos, pues así lo piden los organizadores o los galeristas.
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| del Rosso, Vergel inesperado, exposición en Museo Colle del Duomo, Viterbo, Italia, 2023 |
El marco cumple la función de delimitar. Señala que esto es un objeto diferente, colgado en una pared. Es la transición entre el cuadro y la pared. En muchos casos es como si indicara la abertura de una ventana: por ahí tengo que mirar. Tengo que acercarme. En otros es como si fuera una cajita en la que se guarda un tesoro.
También le toca proteger los
bordes de la tela.
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| Roelofs, Molino, 1880 |
Al no ponerle marco, se “pega” a la pared, desaparece ese límite o transición.
Hay cuadros que necesitan
respirar, expandirse. A éstos, si quieres ponerle marco, siempre en blanco, o
nada. Te vas a dar cuenta enseguida: le pruebas una moldura negra y sientes que
la pintura se achica, se encoge. Con una blanca, el efecto desaparece.
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| Klimt, Schlosskammer en Attersee,1910 |
Depende mucho del estilo o del tema. Una pintura abstracta, como te decía arriba, no necesita marco. Y menos, si es de formato gigantesco. ¿Qué pasa con el arte figurativo? Depende. A un paisaje con mucho cielo puedes dejarlo sin nada. O al revés: un paisaje sin cielo, como éste de Klimt o los nenúfares de Monet.
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| Los nenúfares de Monet en L'Orangerie |
Un cuadro de flores, una
naturaleza muerta, ¿le pondrías marco? Yo creo que le irían muy bien.
| Johns, Out the window n°2, 1962, Museo Reina Sofía |
No es una regla, todo depende de
cómo sientas el cuadro, del estilo, del tema. Sólo pasaba por aquí para
contarte, como le dije a mis invitados, que el marco no es una obligación.






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