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jueves, 13 de enero de 2022

¡El Museo del Prado se está incendiando!

 


Museo del Prado (Imagen: Wikipedia)



Una mañana de 1891, exactamente el 25 de noviembre, los madrileños se despertaron con una noticia tremenda: el Museo del Prado se había incendiado. El titular de El liberal, un diario de mucha tirada en esa época, titulaba así: 



El Liberal, 25 de noviembre 1891


¿Te imaginas? Velázquez, Goya, Rubens, Tiziano, Fra Angelico, El Bosco… pasto de las llamas… No hubiese sido muy extraño: el Alcázar de Madrid desapareció por un incendio en 1734; muchas obras de arte fueron rescatadas a tiempo, otras no.

El periodista (o repórter, como se llama a sí mismo) describe la situación: llega la noticia a la redacción a las 2 de la mañana, justo cuando estaban por cerrar la edición. Desde lejos se ve una espantosa hoguera y la gente muy triste se acerca a ver. Todos atribuyen el suceso a la “sombra negra”, a la “jettatura” del presidente Cánovas del Castillo (se decía que traía mala suerte). La gente comentaba entre sí que perdían lo único presentable que tenía España. La escena era un caos, no había un protocolo de incendio, no había suficientes mangueras para los bomberos. Todo daba cuenta de la imprevisión oficial. ¿Por qué habrá sucedido?

“Un brasero mal apagado, un fogón mal extinguido, un caldo que hubo que hacer a media noche, una colilla indiscreta … y ¡adiós, Pasmo de Sicilia] ¡adiós cuadro de las Lanzas! ¡adiós, Sacra Familia del Pajarito! (…)”

Velázquez, La rendición de Breda, 1634


Por esa época los empleados vivían en el edificio y calefaccionaban y cocinaban con leña, en lugares cerrados, con suelos y techos de madera.

“ Inmensa debiera ser la responsabilidad para los que no han querido cortar abusos a tiempo, y conjurar peligros oportunamente; pero, ¿qué es en España la responsabilidad? Una palabra hueca.”

Murillo, Sagrada Familia del Pajarito, 1650


El ministro de Fomento, Linares Rivas, recién estrenado en su cargo, acude prontamente al incendio. Se indigna por la inoperancia de sus antecesores. ¿A quién se le ocurre permitir que en los desvanes del museo haya niños, mujeres, perros y gatos? En su desesperación intenta ayudar, ingresando al Museo en llamas y lo sacan malherido, pues se le cayó el tejado encima.

Museo del Prado, Real Sala de Isabel II (fotografía de
Laurent), 1899


La noticia se difundió rápidamente por telégrafo y los diarios de provincia se hicieron eco. La reacción fue unánime. Todos fueron hasta el Paseo del Prado para constatar con sus propios ojos el suceso.

Y nada, no había pasado nada.

Mariano de Cavia

“Con lágrimas en los ojos, cerramos apresuradamente esta edición, reproduciendo la siguiente carta que nos envían desde el sitio del siniestro: «Amigo y Director: Creo que, para ser ésta la primera vez que ejerzo de repórter, no lo hago del todo mal. Ahí va en brevísimo extracto, la reseña do los tristes sucesos... que pueden ocurrir aquí el día menor pensado.

Tuyo, Mariano de Cavia”







Si leías el artículo entero, te enterabas de la verdad. O sea, el periodista no engañaba a nadie, salvo si te quedabas con el título-gancho… No era inverosímil: en julio de ese año había habido 2 pequeños incendios en el edificio: sólo era cuestión de tiempo. Como se dice siempre, una mentira, para ser creída, tiene que apoyarse en algún dato veraz…


Rafael, Caída en el camino del 
Calvario, Pasmo de Sicilia,
1515

El artículo lo firma Mariano de Cavia.
Este era un periodista de larga trayectoria, aragonés, que se había trasladado a Madrid. Escribió en varios diarios de la época.

Al día siguiente publicó otro artículo: “¿Por qué he incendiado el Museo del Prado?” , explicando el porqué de su escrito anterior. Su intención fue llamar la atención sobre el estado en que estaba el edificio del Museo y mostrar que su relato podía hacerse realidad en cualquier momento.







Estaba harto de la seguidilla de incendios de museos, de iglesias, de monumentos. Harto de que la prensa se rasgara las vestiduras y al día siguiente, a otra cosa, sin que se solucione el problema de raíz. (No hemos cambiado mucho, parece.)

Brambilla, Rotonda del Museo del Prado, sg. XVIII


Le sugiere al ministro de Fomento que vaya a ver lo que pasa y le describe lo que debería hacer, p.ej., cambiar la calefacción del edificio, que copie las medidas de seguridad de otros museos del mundo o que desaloje las habitaciones del museo.

“Ayer hubo gentes que lloraron… por lo que tiene facilísimo remedio. ¿No es esto mejor, y más sano para la patria, que llorar por lo irremediable? Hemos inventado una catástrofe… para evitarla:”

Avrial y Florez, El Museo del Prado visto desde el 
Jardín Botánico, 1835


Fue tal el revuelo que el gobierno tuvo que ponerse las pilas: se cambió el tipo de calefacción y se construyeron viviendas para los empleados, fuera del Museo.

Como diríamos ahora, un buen storytelling, un poco de imaginación y un buen escritor, provocaron la reacción y el efecto deseado.

Y no, las fake news no son cosa nueva.

Brambilla, Entrada al Real Museo por el lado de
San Jerónimo, sg. XVIII

 Te dejo los enlaces donde puedes leer los artículos originales de El Liberal

“La catástrofe de anoche. España está de luto”

“¿Por qué he incendiado el Museo del Prado?”



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